sábado, 5 de noviembre de 2016

Desde esa noche...






Aquí, a tu lado, con tu cuerpo desnudo y claro tendido junto al mío, tu mirada perdida en las motas de polvo suspendidas en el aire que nos rodea y nos envuelve, tu sonrisa tímida e infinita... escribo mis últimas líneas.

Creo haber perdido la poca cordura que aún me quedaba, a tu lado.

Estás aquí pero estás ausente, escribo esto mientras te observo lidiar con tus pensamientos, de vez en cuando una ola de ternura me invade y acaricio tu pelo y tu incipiente barba incluso con temor a tu rechazo, pero parece que mi delicado contacto te agrada. Sigues ensimismado y tus ojos denotan tristeza. Acabas de fruncir un poco el ceño, creo que de pronto atisbo algo de frustración en tu mirada. Tus ojos avellana parecen haberse oscurecido repentinamente y eso me pone algo nerviosa, ¿en qué estarás pensando?

Percibo que has notado mi inquietud porque te has revuelto en tu sitio, me has mirado a los ojos fijamente y has pasado tu mano por mi brazo, para terminar entrelazando tus dedos con los míos en un completo e inquebrantable silencio.

Por un momento, una idea fugaz pasa por mi cabeza: Te odio, porque puedo perdonarte cualquier cosa porque te quiero, incluso cuando callas y me haces a un lado para evitar hablarme de lo que sientes y lo que te preocupa. Porque sé que falseas tus emociones bajo un manto de frivolidad e indiferencia para no sentirte vulnerable en mi presencia.

Quizá yo no sea lo que esperabas, quizá yo no encajara en tu vida, pero ten por seguro que tú desencajaste la mía. Tus pedazos completaban los míos formando un nuevo puzzle, un puzzle que yo estaba dispuesta a intentar reordenar pero por el que debería luchar para demostrarte de lo que sería capaz por tí.

Un día Oscar Wilde dijo que "cuándo los hombres aman a las mujeres sólo les dan un poco de su vida; mas las mujeres, cuando aman, lo dan todo" y contigo he comprendido la verdad que se ocultaba tras sus palabras. Yo que conocí un hombre u otro sin buscar nada, sin sentir nada, sin esperar nada... ¿cómo he llegado a enamorarme perdidamente del equivocado?

Quizá algún día leas esto y comprendas que te quise tanto que incluso renuncié a mi lucha por ti para acompañarte en la tuya propia contra el mundo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario