miércoles, 9 de noviembre de 2016

¿Qué importa?






¿Y qué importa?¿Ahora ya, que importa,
qué con mi amor no supiera mantenerle
bajo el cobijo de mis sinceros abrazos?
El frío agrieta mi piel para profundizar 
en mi aséptico corazón y congelarlo,
y así dañar,

hasta la última célula que estabiliza 
mis insondables emociones.
Cristales de hielo se forman en el hipotálamo, endureciendo,

las paredes que ya no dejan traspasar la luz
para sumirse en una inmensa oscuridad
como la profundidad del océano.
El trino de los pájaros 
ya no suena igual que antes,
ni la luna 
parece proyectar el mismo brillo. 
Dónde él puso claridad 
ahora solo quedan sollozos 
por el recuerdo de un ayer 
que ya nunca volverá.
Paseando por las mismas calles,

bebiendo los mismos néctares, 
deleité una vez más mi alma 
con su recuerdo.
Pero...¿qué importa? 

Ahora que le visto en sus brazos, 
ahora que ya besa otros labios 
y se pierde cada noche en su cuerpo, 
ahora que yo tan sólo soy 
un vago recuerdo del ayer 
que se convirtió en un borrón indescifrable... 
¿ahora ya, qué importa?



sábado, 5 de noviembre de 2016

Desde esa noche...






Aquí, a tu lado, con tu cuerpo desnudo y claro tendido junto al mío, tu mirada perdida en las motas de polvo suspendidas en el aire que nos rodea y nos envuelve, tu sonrisa tímida e infinita... escribo mis últimas líneas.

Creo haber perdido la poca cordura que aún me quedaba, a tu lado.

Estás aquí pero estás ausente, escribo esto mientras te observo lidiar con tus pensamientos, de vez en cuando una ola de ternura me invade y acaricio tu pelo y tu incipiente barba incluso con temor a tu rechazo, pero parece que mi delicado contacto te agrada. Sigues ensimismado y tus ojos denotan tristeza. Acabas de fruncir un poco el ceño, creo que de pronto atisbo algo de frustración en tu mirada. Tus ojos avellana parecen haberse oscurecido repentinamente y eso me pone algo nerviosa, ¿en qué estarás pensando?

Percibo que has notado mi inquietud porque te has revuelto en tu sitio, me has mirado a los ojos fijamente y has pasado tu mano por mi brazo, para terminar entrelazando tus dedos con los míos en un completo e inquebrantable silencio.

Por un momento, una idea fugaz pasa por mi cabeza: Te odio, porque puedo perdonarte cualquier cosa porque te quiero, incluso cuando callas y me haces a un lado para evitar hablarme de lo que sientes y lo que te preocupa. Porque sé que falseas tus emociones bajo un manto de frivolidad e indiferencia para no sentirte vulnerable en mi presencia.

Quizá yo no sea lo que esperabas, quizá yo no encajara en tu vida, pero ten por seguro que tú desencajaste la mía. Tus pedazos completaban los míos formando un nuevo puzzle, un puzzle que yo estaba dispuesta a intentar reordenar pero por el que debería luchar para demostrarte de lo que sería capaz por tí.

Un día Oscar Wilde dijo que "cuándo los hombres aman a las mujeres sólo les dan un poco de su vida; mas las mujeres, cuando aman, lo dan todo" y contigo he comprendido la verdad que se ocultaba tras sus palabras. Yo que conocí un hombre u otro sin buscar nada, sin sentir nada, sin esperar nada... ¿cómo he llegado a enamorarme perdidamente del equivocado?

Quizá algún día leas esto y comprendas que te quise tanto que incluso renuncié a mi lucha por ti para acompañarte en la tuya propia contra el mundo.



miércoles, 2 de noviembre de 2016

A dónde deberíamos volver...






Sentada entre el abundante y oscuro follaje y el ligero trino de algunos pájaros que aún revoloteaban a su alrededor, ajenos a las altas horas que acontecían, agitando sus delicadas y oscuras alas, oyó gragear a los cuervos hambrientos que rompieron la calma del crepúsculo y estremecieron  su alma. Unos sonidos casi guturales que parecían marcar la entrada a las puertas del mismísimo infierno, dónde el maligno esperaba con ansia apoderarse de las oscuras almas que moraban en la Tierra alejados por pura comodidad y desgana de las palabras de Nuestro Señor.

Un escalofrío recorrió su cuerpo atravesando su espina dorsal, recordando las palabras con las que habían intentado adoctrinar su joven y aún puro espíritu, libre de pecado y maldad. El alma que solo los infantes poseen por gracia divina y que aún no ha tenido tiempo a ser corrompida.

Se recordaba feliz, agarrada de la mano de su madre o subida a hombros de su progenitor, donde siempre se había sentido segura y a salvo, un sentimiento contrario al que ahora la desbordaba.

Hacía tanto tiempo que había renegado y se había "olvidado" de su Dios que ya no creía que Él fuera a escuchar sus plegarias, no sólo por el miedo que ahora sentía sumida en su soledad, sino por la mugre que ya inundaba su pecho y oprimía su corazón hasta dejarla casi sin respiración. Sus emociones eran una escala de grises que tan sólo mostraba la basura que había ido almacenando en sus entrañas, fruto de las dañinas lecciones que había ido aprendiendo con cada bache con el que se había tropezado en su vida y por los que muchas veces se había caído de bruces sin casi fuerzas para levantarse..

Las lágrimas se deslizaban por su rostro sin poder hacer nada por evitarlo, se sentía tan confundida que ni siquiera era capaz de recordar las palabras con las que quería comenzar sus súplicas.

Anhelaba ser mejor de lo que era y evocó las palabras que un día una de sus profesoras le dijo: "para hablar con Dios sólo necesitas hablar desde lo más profundo del corazón, y entonces Él te escuchará".

Ese Dios bondadoso y libre de juicios volvía a brillar con plenitud en su corazón y decidió rendirse ante Él y dejarse abrazar por su infinita misericordia, aquella de la que antes se había desvinculado y la que ahora valoraba y anhelaba. Escuchó su voz dentro de sí, tranquilizadora, que le prometía no volverse a alejar de ella a pesar de su indiferencia, que le aseguraba protegerla siempre con su velo paternal e iluminar su camino para mostrarle el sendero de la verdad y las obras y sentimientos puros.

Ese Dios al que ella había llamado esa noche, demostró una vez más su gracia y su perdón por el mundo absurdo e hipócrita que la rodeaba y una vez más se proclamó rey de los cielos y de los corazones humanos que caían en la desgracia y la desesperación, para ofrecerles la paz y el descanso eterno a sus almas atormentadas.





sábado, 29 de octubre de 2016

Y llegaste tú...





Es tan difícil tomar decisiones en cuánto al amor...los sentimientos encontrados y los prejuicios absurdos que nos inculcan desde pequeños...

Tú, por ejemplo, me dejas ir pensando que podrás encontrar algo mejor, algo que se adecue más a tu vida y a tus expectativas y no tienes en cuenta que posiblemente también haya alguien mejor que tú para mí y sin embargo yo decido quedarme contigo.

Con tus defectos, tus inseguridades y tus miedos. Con tus absurdas manías y tus oscuros vicios, con tu complejo carácter y tus salidas de tono, con tus palabras llenas de odio y resentimiento, pero también de verdades y sabias experiencias.

Yo quiero y busco darte algo mejor, un presente y un futuro claro y esperanzador, el cariño que ni tú mismo eres capaz de imaginar que existe, limpio, puro, inexplicable. Un amor lleno de ternura y dedicación, y vacío de envidias y 
convencionalismos.

Un sentimiento inmaculado, libre de pecado y de ajenas opiniones.

Nunca te juzgué por palabras foráneas, no soy de esas, intento ponerme en tu piel y ahora sé lo difícil que es. Ahora entiendo lo que eres y quién eres y me compadezco de aquellos que hablan de ti desde su ignorancia y envidia, desde el vacío de sus almas simples y mediocres.

Ellos jamás serán como tú y por eso te quiero, porque eres distinto y porque me has enseñado tanto en tan poco tiempo que hasta me da miedo reconocerlo.

Me da pánico enfrentarme a la vida de la que me hablas, tan sucia y perdida, tan sóla y falta de valores, tan fría y abúlica, porque me siento fuera de lugar en ella, desorientada, ajena, vacía...

Daría lo que fuera porque me dejaras enseñarte algo mejor, porque me dejaras compartir tus alegrías y tus penas y que entendieses que siempre voy a estar ahí, para lo que necesites y siempre que lo necesites, porque mi cariño por ti es sincero y mis ganas de completarte infinitas.





viernes, 28 de octubre de 2016

Plena de ti






Tu recuerdo permanecerá ahí,

intacto,

incluso con el paso del tiempo y de las lágrimas...
porque nunca olvidaré las noches del cálido verano, que en mi insomnio repetí

tu nombre.

Fuiste la luz que iluminó mi oscuridad, deseé tantas veces pasear agarrada de tu mano a la luz de la hermosa luna que reinaba en la inmensidad...

Anhelaba tu contacto y tus caricias igual que si fueran mías,

pobre ilusa de mí,

porque tú eres de todas y no eres de ninguna.

Y jamás serás mio.

Nunca sabrás el amor que te guardé, el que nunca me dejaste demostrarte.

Y allí en tu soledad comprenderás, que mi amor por ti no fue tan sólo una fantasía,

una quimera,

sino que era el fruto de las pasiones más ocultas de mi alma...

la realidad de mi ser atormentado y lleno de fantasmas.

Porque aún te quiero y no me arrepiento de este sentimiento que inunda mi espíritu...

y mi corazón.



miércoles, 19 de octubre de 2016

La esencia del amor






Quiéreme por lo que soy lejos de ti, no en lo que me conviertes estando contigo.

Acepta mis miedos e inseguridades, ayúdame con ellos, fomenta mis inquietudes, anímame a cumplir mis sueños, valora mis cualidades y déjame ser quién soy y quién quiero ser.

No siempre será fácil, no te negaré que a veces, hasta te sacaré de tus casillas, pero algún día podrías incluso extrañar mis excéntricas manías.

Quiéreme libre, siendo yo misma, después de que me haya descubierto y aceptado, porque sino nunca me amarás realmente, tan sólo verás una imagen distorsionada de mí misma y nunca me identificarás con tus espectativas.

Aprende a valorar quién soy y cómo soy porque nací libre y libre quiero seguir siendo, pero a tu lado.

Quiero y necesito que me aceptes así, porque es la única forma en la que te pobré amar incondicionalmente y te daré lo mejor de mí. Sin miedos, sin desconfianza, sin mentiras, sin reticencias...

El amor no consiste en cambiar a alguien ni en moldearlo a tus necesidades, recuerda que no somos un trozo de arcilla, sino en complementar las carencias, virtudes y también defectos de esa persona, haciendo su vida más plena.

El amor te ayuda a levantarte después de cada caída, te hace sonreír aún con lágrimas en los ojos, te acompaña a perseguir tus sueños y se juega la vida por ayudarte a conseguirlos. No se rinde ante las adversidades, lucha en cada momento, se alimenta de hechos y florece con palabras, proyectos e ilusiones.

Pero lo único que realmente importa es conocer y aceptar a la otra persona tal y cómo es y llenar su espíritu. Formar entre los dos un sólo alma más grande y fuerte... un alma que necesite de ambos para estar completa.

Quiéreme como soy ahora, al igual que yo he aprendido a quererme y te prometo que algún día seremos tan libres que volveremos, una y otra vez, el uno al otro, tan sólo para amarnos.



sábado, 15 de octubre de 2016

Musa







Más allá del manto cobalto que cubre nuestras cabezas y de las rutilantes estrellas que iluminan nuestros caminos...

Se encuentra el alma del enamorado,

el mendigo de sus pasiones,

el loco amante de las profundas sensaciones que despiertan su espíritu.

Alejado de la fingida cordura que arrastran pesadamente otras almas perdidas, carga con su pluma a cualquier parte, lejos de la realidad que se descubre ante sus ojos pero que no profundiza en su endurecido corazón.

Sus palabras fluyen cual cascada, tras el 
largo recorrido de un agitado y caudaloso río, liberando su opresión y sus secretos.

Convulsas, directas,

vehementes.

Y se encomienda al Dios al que un día le 
prometió lealtad y devoción, para que sane las manchas de su oscurecida alma, abandonada a los vicios ocultos de su ser más primitivo.

Allí, en sus ojos café, fue dónde vio reflejada su misericordia por última vez, y allí quería quedarse para siempre.

Junto a su amada.

Susurrando poemas de amor a su oído, acariciando sus manos y jugando con su cabello.

Describiendo en su pequeño cuaderno cada huella que ella dejaba en su alma, así fueran delicadas caricias o doloridas cicatrices.

Ella era la luna que resplandecía tanto en sus noches que las convertía en interminables días, y ni el mismísimo sol se atrevería a compararse con el calor que ésta desprendía.

Lejos del mundo físico y de todos, su corazón volvía a latir apresuradamente...


por ella.