domingo, 25 de septiembre de 2016

Vértigo





Una vez más caminé sin sentido por las angostas y oscuras calles que formaban un laberinto en la pequeña ciudad, absorta en mi infinita soledad, con las manos metidas en mi viejo abrigo verde desgastado por el tiempo, pensando lo que podría haber sido de ti, de mí, de nosotros...

Recordando nuestras historias, nuestros secretos, aquellas palabras que ya sólo formarán parte del olvido.

Sin poder evitarlo una lágrima recorrió mi rostro, era la llamada de la desesperación que me invadía, la tristeza que poco a poco consumía mi alma, frágil, como una mota de polvo cósmico que flota en la inmensidad del vacío de nuestra existencia.

Alejada de Dios y del mundo recordaba el brillo de su mirada, tan limpia y serena como un mar en calma, las motas verdes que salpicaban de una forma tan curiosa sus iris en los que me había perdido una y otra vez únicamente  acompañada por el silencio. Aquellos ojos habían iluminado mis días, incluso los más oscuros, y sin embargo ya no los volvería a ver, tan sólo me quedaba imaginarlos, dibujarlos en mi cabeza y tatuarmelos en el alma.

Ante la decadencia de mis pensamientos mi cabeza comenzó a dar vueltas y unas infinitas ganas se vomitar se apoderaron de mis entrañas. Decirle adiós fue lo más duro que he hecho en mi vida y pensar que jamás volvería a verle me producía un vértigo inexplicable, incluso con los pies bien aferrados al suelo.

Fue arrancado del mundo en su mejor momento, cuando más brillaba, lleno de planes y de vida, todo se apagó repentinamente y me dejó sola ante la adversidad de afrontar su ausencia. 

Y así pasan los días, yo lejos de él y él ya, lejos de todo.  



lunes, 19 de septiembre de 2016

No me sonrías así...





Paseando por la calle observé sonrisas de plástico, mentiras dibujadas en forma de alegría forzada, labios bajo una tensión latente que se obligaban a formar una amplia línea curva hasta en los rostros más desencajados.

Las cicatrices del alma ya sólo se ocultan bajo una obligada sonrisa, da igual lo que sientas o cómo te sientas, lo único que hacemos es fingir, ejecutamos papeles como si de actores nos tratásemos.

Creemos que la "felicidad", aunque sea inventada, nos coloca en un escalón superior, más cercano al Olimpo y los Dioses que allí moran. Nos convierte en más poderosos e invencibles, pero al final tan sólo es un engaño, una ilusión, una quimera.

Nos da miedo enfrentarnos a la realidad, por eso creamos mentiras, falsas apariencias, hipócritas sonrisas y nos autoconvencemos de nuestra propia farsa.

La "felicidad" como tal, a veces no es real, tan solo una fachada, pero intentamos vivir ajenos al dolor de nuestra superflua existencia difrazando de coraje y alegría nuestros gestos, escondiéndonos detrás del entusiasmo que ahora reflejan nuestros embusteros rostros y llenando nuestras cabezas de falaces palabras que creemos nos harán sentir mejor con nosotros mismos.

Mentirnos a nosotros y a los demás no sanará las heridas, y fingir falso júbilo tampoco pero creemos que así  no dejaremos visibles nuestras  flaquezas, y eso es lo que nos hace sentirnos más fuertes ante los ojos de los que consideramos titanes que amenazan con quebrar definitivamente nuestras emociones y nuestros corazones.


domingo, 18 de septiembre de 2016

Allí estará Él




Cuentan que cuando un alma errante queda atrapada demasiado tiempo en el purgatorio, a la espera de su purificación, el dolor es tan inmenso que son capaces de mirar a los ojos al mismísimo diablo y suplicar por su miserable destino.

Pobres almas encadenadas a la condena de sus pecados, que anhelan la hora de unirse al Padre en la inmensidad de su gloria para disfrutar al fin de un poco de paz. Pobres desgraciadas, que se arrastran en la oscuridad de la densa niebla que oculta hasta sus mayores atrocidades aún seguidas de arrepentimientos. Pobres almas sumidas en la desesperación, castigadas y dejadas a su suerte mientras buscan un atisbo de luz en la profunda infinidad de su patética existencia.

Algún día ellas pasaron por esta vida sin pena ni gloria y de ellas solo nos queda el refugio de su insípida  intrascendencia.

Esperan ansiosas ahora el perdón de Nuestro Señor, y poder vanagloriarse por pertenecer al reino de los cielos, pero primero deberán cumplir su condena.
Deberán limpiar su espíritu y su pasado si quieren renacer en un nuevo futuro con la promesa de la vida eterna.

Benditas almas que algún día conocerán el inmenso regalo que Dios les hace al presentarles esta última oportunidad de salvación. Esa última mirada de amor que les llevará a encontrarse con él en la grandeza de su reino eterno.


miércoles, 14 de septiembre de 2016

Será nuestro secreto







Allí por donde pasas dejas huella. Tu presencia lo ilumina todo, las ruinas se convierten en palacios y hasta un paisaje seco y muerto, florece ante ti.

Venero tu perfección tan imperfecta, tus rasgos, tu pelo cuidadosamente desordenado, tus ojos llenos de fugaces visiones de una realidad paralela, tu forma de moverte tan descuidada y excitante a la vez, el tono de tu voz dulce y apasionado, tus dos pies izquierdos cuando bebes demasiado y la forma en que eres capaz de ver la vida y luchar por lo que crees.

En cierto modo te envidio, eres quién quieres ser y no lo que los demás esperan o quieren de ti. Eres valiente y fuerte, más incluso de lo que tú imaginas.  Puedes caminar con la frente alta, con orgullo, ese orgullo que nace de lo más profundo,ese pecado capital por el que ni el mismísimo Luzbel sería capaz de castigarte. Muchos venderían su alma al diablo por seguir tus pasos, por ser como tú, aquello que anhelan ser y no se atreven por cobardía o por simple comodidad.

No dejes que nadie apague tu voz ni silencie tus verdades, porque muchos hablarán de ti y querrán hundirte, no porque lo merezcas, sino porque ellos no son dignos de estar a tu altura, se sienten inferiores y realmente lo son.

Tu boca escupe verdades pero la mayoría callan secretos y vergüenzas, por eso tal vez no encajes en este mundo, no en estos tiempos, eso es lo que te hace tan especial.

Enséñame a no tener miedo, déjame ver a través de tus ojos lo que sólo soy capaz de percibir borrosamente con los míos. Ayúdame a quitar las vendas que cubren de inocencia cada acto deleznable que corrompe nuestro mundo y muéstrame la verdad.

No seremos nosotros los que valoremos los pecados ajenos, dicen que hay un Dios que se encargará de ello. Pero de la mano sortearemos los obstáculos, juntos llegaremos más allá que sus palabras necias y sus absurdos juicios.

Yo te apoyaré hasta el final, porque además de envidiarte sin maldad, te admiro con orgullo y devoción y mi mayor logro será aprender de ti todas las cosas buenas que te hacen tan grande...


lunes, 12 de septiembre de 2016

Regreso al presente





Veo a los niños felices, despreocupados, ajenos al dolor y a la maldad. Juegan al balón, corren, saltan, bajan por los toboganes confiados, cómo si al final les esperase un mundo nuevo y llaman a viva voz a sus padres para que les acompañen en sus andanzas. Sin embargo, ellos están demasiado ocupados en sus cervezas y en sus móviles, separados de la realidad, ensimismados en sus propios pensamientos . Ya no sabemos escuchar a los niños, hemos agotado nuestra paciencia y dejado de lado la comunicación. Ahora hablamos mucho por redes sociales, pero somos incapaces de crear lazos reales y sólidos a nuestro alrededor.

Un niño se ha caído y llora desconsolado por unos pequeños rasguños que se ha hecho en la rodilla izquierda, me acerco a él para intentar consolarle pero no sirve de nada, no me quiere ni me necesita, solo quiere a su mamá, que ríe en la terraza de un bar junto a sus otras amigas mientras se pasan unas a otras un teléfono, por lo que deduzco que debe haber una imagen graciosa que comparten. Ni siquiera se ha percatado del pequeño traspiés de su primogénito.

Mañana éste ya ni se acordará del percance, pero ahora para él esto es un mundo y su mamá no está ahí.

Añoro aquellos momentos, cuándo todo se curaba con un abrazo, un beso o unas simples palabras de mamá, cuándo olvidábamos con facilidad lo que nosotros entendíamos como grandes males, que desaparecían como un suspiro desvanecido en el viento.

Nos hacemos mayores, es inevitable, y no sólo envejecemos físicamente, también lo hacemos emocionalmente. Esos sentimientos puros se han convertido en otros menos sanos, menos limpios, más tóxicos.

Éramos tan felices y en este momento nos sentimos tan desdichados...

Y ahí nos encontramos ahora, con una botella en la mano, mirando cómo la vida pasa ante nosotros, cómo los niños se hacen grandes y cómo se corrompen sus benditas almas. Deseando que todo cambie pero sin hacer nada por intentarlo. Grabando en nuestras retinas las risas para algún día intentar compensar los llantos, rememorando instantes felices de nuestra infancia que ya sólo están ahí, en lo más profundo de nuestros recuerdos. Guardados en un baúl bajo llave para que nadie pueda arrebatárnoslos jamás.

Y ahí estamos ahora, comenzando a arrugarnos por fuera y a secarnos por dentro.



domingo, 11 de septiembre de 2016

El fin de los finales





Decidió cambiar de aires, de ciudad y de vida.

Decidió empezar de nuevo lejos de todo lo que le hacía tanto daño.

Cuando la noche anterior se metió entre las finas sábanas blancas, sintió una presión en el pecho que amenazaba con llevársela a lo más profundo de un agujero negro, dónde todo desaparecía y sólo quedaba la nada. Allí dónde la desesperación reinaba con majestuosidad ante todo y el resto de sentimientos solo alcanzaban a arrodillarse ante su grandeza.

Tras un sueño escaso e intermitente se levantó temprano, extasiada, alzó la persiana y observó al gigante que se levantaba ante ella, brillante, inmenso, cálido y lleno de vida, abrió la ventana y respiró con fuerza como si quisiera llenarse de la vitalidad que la rodeaba. Los pájaros trinaban mientras revoloteaban al rededor de las ramas del caduco árbol ya desnudo que se divisaba desde su posición y deseó ser uno de ellos, poder abrir sus alas y volar lejos de ahí.

Cogió su maleta repleta de esperanzas e ilusiones, pesaba mucho, pero era una carga que le agradaba soportar. Sabía que eso era todo lo que necesitaba para salir con la cabeza bien alta y enfrentarse a su destino. Ahora se sentía fuerte, no cómo anoche.

Se alejó con alguna lágrima brotando de sus ojos pero no titubeó, sabía que no debería hacerlo si quería renacer de sus cenizas, como el Ave Fénix. No se volvió ni un instante para mirar atrás, había entendido que si el sol había sido capaz de derrotar a la oscuridad y a las nubes una vez más, con tanta fuerza, ella también podría, o al menos, debería intentarlo.

Caminó con decisión hacia la estación, allí la esperaba un tren que la llevaría a un destino fijo, a su verdadero hogar, a la libertad.

Esas serian hoy sus alas.




sábado, 10 de septiembre de 2016

Su verdad... mi verdad





Cada vez que cogía un bolígrafo entre sus dedos éste parecía cobrar vida propia.

Se deslizaba con suavidad sobre el desierto papel, mostrando sus pensamientos más profundos, reflejando sus temores y sus emociones, esas que ya no podía contener, que ardían en su interior y quemaban sus entrañas.

A veces se sentía demasiado expuesta, demasiado vulnerable, pero escribir aliviaba su alma y descongestionaba su oprimido corazón, incluso a riesgo de dejar que otras mentes juzgasen sus nobles intenciones.

Las palabras brotaban de su cabeza descontroladamente, sin ningún orden, sin ningún plan preconcebido, y quedaban plasmadas con la fuerza que irradiaba su alma, exteriorizando su verdad.

Algún día, alguien sabría valorar la carga emocional que sus manos derramaban a través de la tinta. Alguien sería capaz de comprender sus anhelos más ocultos y acompañarla en su camino hacia su propio descubrimiento, sin juzgarla, sin sentenciarla, únicamente acariciaría su pelo mientras ella y su bolígrafo se dejaban llevar y bailaban al compás de las notas que nacían de su corazón.

Pero, mientras el destino decidía a quién poner en su camino, su amor más puro sería su bolígrafo y su única verdad... 


Sus palabras.



miércoles, 7 de septiembre de 2016

La cinta




La cinta verde, que ataba sus muñecas y unía sus manos, era tan fina y holgada que nunca eran concientes de que existía. Pasaba desapercibida ante sus ojos, disfrazada de seguridad, confianza y estabilidad.

Sólo notaban su presencia cuando se alejaban un poco más de la cuenta. Cuándo comenzaban a notar cómo la tirantez empezaba a dañar sus venas, llegando a provocar llagas en la delicada piel que ésta rodeaba, y sus manos se les hinchaban y amorataban al compás de cada latido que intentaba bombear sangre a sus frágiles dedos.

Es entonces cuando retrocedían sobre sus pasos para calmar monentaneanente el dolor. Pero cada día esa cinta se desgastaba más y más, y no sólo por el paso del tiempo, sino que también coadyuvaban sus, cada vez más frecuentes, sacudidas.

Buscaban repetidamente su lugar en el mundo, lejos el uno del otro, pero la cinta no se lo permitía, era demasiado férrea y siempre volvía a unirlos en la exasperación de su habitación.

El amor que un día  se profesaron había cegado sus pensamientos y sus actos, y se habían dejado vivir así, ligados al pasado, a los recuerdos, a sus primitivas pasiones... esas que ya no dominaban sus vidas ni consumían sus espíritus.

Ese amor fue tejiendo la cinta verde que ahora sólo coartaba su libertad y su felicidad.

Los troncos que una vez ardían formando viva lumbre ahora solo eran cenizas, rescoldos de un amor que se fue consumiendo, al igual que la titubeante llama de una vela en una noche de verano.

Pero la cinta seguía ahí, para recordarles que permanecían unidos por un sentimiento que era más grande que ellos, más grande que la razón y sus convicciones.

Ya estaba sucia y deshilachada, pero incluso pese a su fragilidad aún ejercía resistencia.

Sin embargo, un último distanciamiento, un último tirón, ésta vez, más brusco que todos los anteriores, desgarró finalmente las fibras sin dejar posibilidad de volver a unirla.

Ahora mirarán la cinta colgando lánguidamente de sus manos y con el tiempo aprenderán... que estar con alguien porque les ofrecía un buen futuro, significa que tarde o temprano querrían volver a su pasado...



lunes, 5 de septiembre de 2016

Mi mejor regalo





Se acabó, es el momento de dejar el dolor atrás, la tristeza, la ira, el resentimiento.

Se acabó, tengo que empezar de nuevo, ser libre, sentir, VIVIR.

Se acabó idealizarte y quererte, porque ni siquiera te lo mereces.

Se acabó, todo se acabó.

Aunque muera por dentro y la oscuridad me lleve, aunque ahora crea que nunca volveré a ver el sol y que tu ausencia acabará conmigo. Ya no puedo seguir sufriendo, no por ti, no por tus palabras, tus desplantes o tus miradas. Te amé demasiado y puede que aún lo siga haciendo, pero se acabó.

Quizá ahora te busque en otras personas, en otros ojos y otras sonrisas, pero esto pasará, sé que lo hará, algún día.

De momento me refugiaré en sus halagos, sus palabras, sus caricias y tal vez allí encuentre lo que tú no supiste o no quisiste darme.

Sus besos, pequeños placeres efímeros, ahora significarán algo más, porque en su momento no supe valorarlos por temor a tu ausencia.

Pero merezco algo más que esto, algo más que tú, algo más que "nada".

Tuve y aún tengo miedo, pero merezco ser feliz con alguien que me dé tanto como lo que yo te di. Que sepa apreciar mis virtudes y aceptar mis defectos. Alguien que me dé la mano en mi camino, lleno de luces y sombras, y me ayude a levantarme tras caer. Alguien que me ayude a reconstruir los pedazos que has dejado de mi.

Todo en esta vida es caduco, comienza y acaba en algún momento, aunque lo que más me hiere es pensar que tu amor nunca estuvo presente, que tan sólo fue una ilusión. Quizá alguna vez pensé que esto duraría para siempre, pero por desgracia o por suerte se acabó.

Y ahora sólo me queda empezar de nuevo, porque todo acabó y yo ya no puedo hacer nada más que seguir adelante.

Algún día te perderás en el olvido, como una minúscula mota de polvo espacial y si algún recuerdo pasa fugazmente por mi cabeza ya no dolerá,  porque habré comprendido al fin, el inmenso regalo que me has hecho al marcharte de mi vida.



jueves, 1 de septiembre de 2016

Cómo hemos cambiado...






Dicen que los tiempos cambian pero yo creo que somos nosotros los que cambiamos con el tiempo.

Porque nosotros los de antes...ya no somos los mismos y porque nuestras metas e inquietudes han evolucionado de forma distinta en cuanto a ritmo y tiempo.

Quizá antes nos quisimos mucho, muchísimo, pero llegó el momento en que cada día era una copia del anterior, entre nosotros ya ni siquiera quedaban palabras. La rutina se apoderó de todo y no supimos o no quisimos seguir luchando.  Quizá hubiésemos podido "aguantar" un poco más, pero ¿cuánto tiempo podríamos haber mantenido esta mentira?
Tal vez pudimos haber hecho algo más o tal vez no, eso ya nunca lo sabremos.

Pero creo, que mirando hacia el futuro ningún camino soleado me lleva de nuevo hacia ti, y no quiero seguir caminando entre las sombras, en las tinieblas.

Ya no eres el tipo del que me enamoré y a mí me da miedo hasta mirarme al espejo porque probablemente yo tampoco lo sea. No sólo el tiempo o las circunstancias han cambiado. Lo más importante es cómo hemos cambiado tu y yo, individualmente, más incluso que como pareja.

Porque todos cambiamos y el tiempo no nos avisa de cómo, simplemente pasa y ahora es el momento de aceptarme tal y como soy, en este momento, y no mirar ni hacia el pasado ni al futuro.

Ahora, hoy, es el momento de empezar de nuevo.