martes, 16 de agosto de 2016

Muerte




Llévame muerte en tus brazos, ayúdame a salir de mi vacía existencia, muéstrame la densa oscuridad que te rodea y hazme libre.

Tú, que conoces mis secretos más ocultos, que sabes de mi vileza y aún así me llevas contigo a tu hogar no me olvides ahora que que es cuando más te necesito.

Parca, ven por mí, rodéame con tu negro velo y hazme olvidar. Saca mi alma corrompida de esta ruin existencia para que no lleve conmigo, a mi propia oscuridad, a otros espíritus.
Ayudame a cruzar la inquietante calma del averno, no dejes que me acobarde ante Cervero, yo que siempre presumí de falsa valentía, y póstrame ante su dueño, para que juzgue hasta el último de mis pecados.
Quizá, anhelar tu presencia ahora sea mi acto más cobarde, es cierto. Lo soy, y por ello suplico que escuches mis ruegos.

No te tengo miedo. No titubearé al verte cortar los delgados hilos que unen mi cuerpo y mi alma pero afila bien tu guadaña esta noche porque mis hilos se han endurecido tanto como mi corazón. Aquí te esperan mi cuerpo desnudo y frío y mi alma, sucia y desdichada.
Y tú ahí, a mi lado, asqueada por mi presencia al saber de mis infamias. Pero no es a ti a quien le tocará juzgar mis errores, tan solo serás el brazo ejecutor que me conducirá hasta mi fatal pero merecido destino. Y allí arderá mi alma. En el fuego purificador. Quizá así pueda compensar mis errores. Allí, al fin, mis fallos se convertirán en ceniza y tal vez así sea capaz de encontrar la paz.
Arranca mi último suspiro, mi último aliento, derrama mi sangre ante otros cegados infieles, desgarra mi carne ante su ignorancia y hazme tuya.

Llévame contigo te lo suplico, pues he hecho tanto daño a este mundo, que ya no puedo ni quiero seguir viviendo en él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario