miércoles, 31 de agosto de 2016

Infinita






Esta vida está llena de decepciones constantes y desengaños, pero nosotros decidimos la manera y la magnitud con la que éstos nos afectan.

Hay personas que inspiran confianza desde el primer minuto, pero que se ganan a conciencia justamente lo contrario. Esa es la gente que no merece la pena tener a nuestro lado, que restan mucho más de lo que proporcionan a nuestra vida, que no llenan ningún hueco porque están "vacíos".

No merecen ni siquiera estar en nuestros pensamientos, y mucho menos en nuestros corazones. Desestabilizan nuestras emociones, nos hacen perder el norte y acaban con la poca cordura que nos queda si no aprendemos a frenar a tiempo nuestras pasiones .
Una lágrima en su nombre puede convertirse en el llanto más amargo y un recuerdo idealizado simplemente prolongará nuestra agonía.

Y es que...

Cuando esperas demasiado de la gente, o al menos, lo mismo que tú das, la decepción puede ser como el mar, infinita.


martes, 30 de agosto de 2016

Noches de bohemia







En la ciudad todo estaba prácticamente desierto. Era muy tarde y la oscuridad ya se había apoderado de casi todo. 

Él caminaba por el parque, dónde pocas luces seguían brillando en alguna farola salteada. Muchas de ellas se habían fundido al igual que muchos sentimientos se habían apagado en su  corazón.
Caminaba lentamente con las manos metidas en los bolsillos de su raído abrigo gris, se sentía identificado con aquella prenda, llena de recuerdos y remiendos superpuestos, que tan sólo servían para estirar un poco más la agonía de su gabán. Maldecía en silencio y de vez en cuando soltaba algún impropierio en voz baja mientras daba puntapiés a las piedras que se encontraba en su camino.
Sacó una pequeña petaca y dio un sorbo  a su whiskey con las manos temblorosas. Intuía que ya no le quedaba demasiado tiempo por como su cuerpo se estremecía cada vez más bruscamente, bebió otro sorbo y se sentó en un banco. Ya prácticamente no era capaz de lidiar con el dolor, así que se recostó boca arriba mirando las estrellas que cubrían el tupido manto de terciopelo azul, como si quisiera sacar una fotografía con sus retinas para inmortalizar ese instante. Vió tambien las desnudas ramas de los árboles, retorcidas por el paso del tiempo y las asemejó a su pesar, el ambiente se tornó un tanto tétrico para él, pero allí estaba y ese era el sitio que ahora mismo lo representaba.

Se quedó allí, quieto, en silencio, observando cada detalle, de repente una estrella fugaz se asomó tímidamente por el cielo y se dió cuenta de que quizá ya no era el momento de pedir ningún deseo pero sí de dar las gracias.

Gracias a la vida por cada momento que le había regalado y que ahora podría llevarse consigo.


lunes, 29 de agosto de 2016

La fruta prohibida




Se enamoró de él sin darse cuenta, sin planearlo. Entró en su vida como un soplo de aire fresco, dándole lo que tanto ansiaba y esperaba. 

Se enamoró de él sin querer hacerlo, de su pelo, sus ojos, su sonrisa y sus manos. Se enamoró de sus besos y sus caricias, de sus palabras y de su historia.

Se enamoró de él aún sabiendo que para ella estaba prohibido.

Ansiaba su presencia y su mirada a cada instante,ya formaba parte de ella aunque no quisiera reconocerlo. Él ya tenía alguien a su lado, alguien que le daba más de lo que él jamás le dejaría darle. Alguien que ocupaba sus noches y su cama, alguien a quién ella envidiaba en silencio.

Se enamoró de él sin poder evitarlo, de cada gesto y cada palabra, de su insolente mirada y su sincera sonrisa, de cada momento junto a él, entre sus brazos, de su manera de hacerle el amor, haciéndole olvidar todo a su alrededor, de sus besos dulces y de los más salvajes, pero sabía que él nunca sería realmente suyo y se  resignó a conformarse con ese amor "a ratos".

Sintió volverse loca al perderse en él, entre su perfume y su cálida piel, dejó su cordura y sus principios, lo dejó todo por él...

Y no se arrepiente de ello, porque se enamoró de él aún sabiendo que para ella estaba prohibido.


domingo, 28 de agosto de 2016






No sé si hubiera querido conocerte ahora.  Justo cuando me siento más frágil y vulnerable. Ahora que mis emociones están a flor de piel y no se como manejar mis sentimientos. Ahora que estoy tan perdida y tan confusa, que las pasadas experiencias tan sólo me han enseñado a tener más miedo de todo y de todos, incluso de ti.

Te conocí sin esperarlo, encontrándote en la noche, ebrio de soledad y sobrio de pensamientos . Alumbraste mi oscuridad en el crepúsculo más profundo y llenaste el vacío que me consumía sin a penas darte cuenta. Tus palabras llenaron mis silencios y tus besos ahogaron mis miedos, al menos por esa noche. 

Me perdí en tus ojos intentando llegar a lo más profundo de tu ser y creí reconocer en ti tu verdadera belleza, la pureza de tu alma.


Tu sonrisa tierna, como la de un niño que mira a su madre tras hacer una pequeña travesura, me hizo deshacerme de la desconfianza y tu mirada profunda y libre de maldad, me hizo querer sumergirme en ti, en lo más profundo, ahí donde eres realmente tú. Donde reside tu esencia. Nada podía compararse con tu arrolladora personalidad, tus pensamientos y tus palabras. Y  es que llegaste a mí sin avisar, como un remanso de paz, pero provocando tempestades.

Quizá pienses que estoy loca, y lo entendería, pero déjame disfrutar un poco más de mi enajenación, porque me has ayudado a mitigar un poco el dolor y brillas con plenitud ante mis ojos.

La sólida barrera que intentaba crear a mi alrededor comenzó a derrumbarse, ya no quedaba nada más que una nube de humo que poco a poco también empezaba a disiparse. 

Entonces entendí lo que significabas para mi.

No necesito amarte ni poseerte, porque ya consigues llenar un hueco de mi vida, simplemente por el hecho de formar parte de ella.

Te conocí como a cualquiera, sin buscar nada, y terminé queriéndote como a nadie, encontrándolo todo.



...Al menos  lo que necesitaba por ahora.



viernes, 26 de agosto de 2016

No te necesito






A veces confundimos el cariño con el amor.

No es tan difícil hacerlo.

Los sentimientos como la ternura y la bondad abundan tan poco en nuestro tiempo que tendemos a magnificar las emociones, porque esperamos, que por fin, algo o alguien llene tanto nuestras vidas que nos haga inmensamente felices.

Buscamos incesantemente cosas, personas o señales a nuestro alrededor, para aferrarnos a ellas al igual que a un clavo ardiendo, creyendo que así podremos conseguirlo. Pero las quimeras se van desvaneciendo con el tiempo o con las circunstancias. Al final, mirando al pasado, tan sólo quedan restos de humo y ceniza, al igual que si hubiéramos quemado las raíces de nuestro antiguo árbol, aquel que antaño se mecía frente a la brisa, lleno de vida.


Sus raíces eran nuestros anhelos, aquellos que desaparecieron frente al fuego de nuestra inocencia, y sus hojas tan sólo permanecerán en nuestro recuerdo, como frágiles palabras que algún día alguien susurró a nuestro oído.

Nos hemos convertido en personas emocionalmente dependientes, aunque no lo queramos así, por no atrevernos a ser lo suficientemente valientes de mirar a los ojos a la verdad y gritar al mundo la nuestra propia. A veces, me apetecería gritarle al viento, para que el cielo y la tierra me escuchen y mi voz llegase hasta los confines del universo.

Puedo ser feliz yo sola, salir, entrar, reir, llorar, beber, comer y sobre todo respirar. Quizá en algún momento mi propia ignorancia me cegó, y te buscaba en las noches más frías, incluso en la penumbra, pero ahora sé que no eres indispensable para mí. Que aunque estuviera agazapado en mi interior, tengo el valor suficiente para descubrirme a mí misma lejos de tu presencia.

Y ahora lo sé.

No te necesito para nada en esta vida, pero sin embargo te quiero para todo.



jueves, 25 de agosto de 2016

Requiem al mundo que debió haber sido y no fue





Vivimos en un mundo al revés, dónde se paga más caro ser buena persona que un terrorista contra la vida humana, los pensamientos propios y los sentimientos puros.

Cuánto daño a hecho nuestra especie a este regalo.

Cuánta hipocresía disfrazada de bondad, cuántas palabras como afilados cuchillos desgarrando nuestras entrañas, intentado llenar el mundo de odio y de convencer a las personas de que su sangre es más pura que la de el resto de almas que habitan junto a nosotros. 
El mundo no fue creado para esto, no para saciar nuestras ansias de poder ni para ensalzar nuestro orgullo. Llegamos a este mundo desnudos, todos y cada uno de nosotros, porque somos iguales y porque eso muestra nuestra fragilidad.

¿Y qué hemos hecho nosotros? 

Hemos criticado y menospreciado a nuestro prójimo, hemos creado diferencias inexistente, destrozado sueños e ilusiones, corrompido almas, creado barreras infranqueables por nuestros propia ceguera, la causada por esas tupidas vendas que hemos decidido ponernos alrededor de nuestros ojos. Y sin embargo nos atrevemos a juzgar a los demás.

En este mundo hay personas buenas y malas, y suelen abundar más las segundas por desgracia, pero...

 ¿Quién es peor? ¿Tú que lo haces mal o yo, que siendo consciente de ello miro hacia otro lado, agacho la cabeza y guardo silencio?

A veces la cobardía es nuestro mayor crimen, pero eso no lo consideramos maldad, simplemente porque no es un daño evidente ni palpable.

Este no es el mundo que quiero ni necesito, lleno de sombras, sentimientos y actos corrompidos, porque no me siento identificada ni realmente viva en él, porque esto ya no es el mundo que debió haber sido. 

Porque sólo nosotros podríamos cambiar el rumbo pero la desesperanza ya reina en nuestros corazones.


miércoles, 24 de agosto de 2016

Su soledad






Paseaba junto al mar, su pelo se movía al compás de la brisa que la envolvía. Estaba pensando en banalidades, últimamente era lo que se había acostumbrado a hacer, si pensaba demasiado sentía que no encajaba en ninguna parte. 

El sol que antes la cegaba con sus refulgentes destellos comenzó a descender anunciando el principio del final del día.

Se sentó en la arena mientras contemplaba el atardecer, la estampa que ahora veían sus ojos era tan bonita que se quedó cautivada al instante. Los colores se mezclaban en sus retinas y la inmensidad del mar se clavaba en lo más profundo de su ser. Ahí se sentía ella misma, sola ante la grandeza de todo lo que la rodeaba. Podía pensar e incluso expresarse sin ser juzgada.
Levantó los brazos hacia el cielo y respiró profundamente, con los ojos fijos en el punto exacto donde el cielo y el mar parecían juntarse en uno sólo,en el sol que parecía dispuesto a empezar a jugar al escondite.
Recordó a aquellos que ya no estaban en su vida y una lágrima brotó de sus ojos, pero entonces comenzó a pensar en los que habían ido apareciendo en ella, un poco a base de dedicación y otro poco por culpa o gracias al azar.
Todos ellos habían marcado su vida, para bien o para mal, pero todos le habían enseñado cosas, incluso de los que sólo había aprendido desconfianza, miedo, y sentimientos que únicamente endurecerían su corazón. Ellos, le habían enseñado también, de alguna manera, que esos sentimientos no merecían la pena, no había mejor prueba que sus desgraciadas existencias.
Ahora había aprendido a elegir sus compañías, o al menos eso creía, gente que sacaba lo mejor de ella, pero había aprendido algo más importante aún, a aceptarse y quererse, a disfrutar consigo misma de su soledad, dónde podía ser completamente  ella, pensar, hacer y expresarse con total libertad para intentar alcanzar la felicidad.

Su soledad le daba la calma, la tranquilidad. Su soledad la había enseñado a ser un poco más libre y más feliz y sobre todo la hacía ser un poco mejor persona.


martes, 23 de agosto de 2016

Despedida






Esa fue nuestra última pelea, los últimos gritos y reproches. 
Abandoné la habitación dando un enorme portazo. El estruendo fue ensordecedor, pero ese sonido ahogó mis sollozos. Estaba llena de ira en ese momento, así que crucé la carretera y subí en mi coche decidida a salir de ahí cuanto antes.
En cuanto me puse en marcha sentí cómo mil emociones se apoderaban de mí. Al principio la rabia me consumía, sus palabras resonaban repetidamente en mi cabeza. Luego llegó la culpa, sabía que había sacado mi peor cara y que le había herido, era lo que había buscado, hacerle daño, el mayor daño posible, y creo que lo había conseguido. Al final me invadió una enorme tristeza, las cosas entre nosotros habían ido demasiado lejos, llegados a este punto todo era insalvable. Las palabras se habían clavado como puñales desgarrando nuestros sueños e ilusiones. Sólo quedaban la desconfianza, las mentiras y los reclamos. 
Conducía de una forma automática, sin pensar lo que estaba haciendo, sin un rumbo fijo y entonces comprendí que me había perdido, no físicamente, sino que ya no sabia hacia donde dirigir mi vida. Me sentí tan desubicada que apreté fuertemente el acelerador, ni siquiera lo pensé un minuto, con decisión fijé mi mirada en la distancia, luego cerré los ojos y pisé a fondo el pedal. No tuve demasiado tiempo para pensar, de repente un dolor estremecedor inundó todo mi cuerpo, sentía como mis huesos crujían mientras se rompían y las lágrimas brotaron incesantemente de mis ojos, creo que ni siquiera grité, mi voz se ahogaba en mi propia sangre. Entonces mi cabeza sufrió un golpe seco, la vista se me apagó por unos instantes y sentí como la sangre mojaba mi pelo, mi cara y mi cuello. No sé en qué momento decidí hacer esto pero sabía que no tendría que preguntarmelo mucho más tiempo. Seguramente mi coche había quedado destrozado, pero eso era lo último que importaba ahora. Con un hilo de vida escurriendose entre mis dedos solo logré pensar en una cosa...en él. Esperaba que entendiese lo que me había llevado a esto y que me perdonase, nunca quise hacerle daño, pero mi alma se había ido oscureciendo y le estaba arrastrando conmigo. 
No quería  que se sintiese culpable ni responsable de algo que fue únicamente decisión mía, pero tenía que dejarle libre a él y a mí misma. 
Me había convertido en una persona que no quería ser, solo quedaba una sombra de mí misma, una sombra oscura y llena de amargura, le conduje a mi dolor y arruiné su vida.
Recuerdo que lo último que oí antes de abandonarme a mi destino fue la sirena de una ambulancia a lo lejos. El asfalto estaba frío, y allí yacía yo, entre mis penurias, intenté alcanzar a mover mis labios para pronunciar mis últimas palabras pero de pronto la oscuridad se apoderó de todo y mi alma cayó en un profundo abismo.

lunes, 22 de agosto de 2016

Que hablen







Me hablan de ti y no te reconozco en sus palabras. Me hablan de tus errores y fracasos, de tus frustraciones, pero eso demuestra lo limitada que tienen su mirada y su enorme ignorancia.

"No hay mejor ciego que el que no quiere ver" pero no hay mayor imbécil que el que sólo ve lo que quiere o le interesa.

Sus palabras huecas llenan mis oídos de molestos e incómodos ruidos. Ya ni siquiera tengo ganas de replicar sus insolentes y absurdos comentarios, no quiero ponerme a su nivel ni formar parte de su rebaño. Nunca me ha gustado dejarme llevar por la multitud mediocre, me gusta ser así, como soy, única, concebir mis propias opiniones, sean o no las correctas.

Es tan patético ser una oveja más en un mundo lleno de envida y resentimiento... Tus éxitos son sus fracasos y tus silencios el mejor arma contra sus necedades.

La gente habla y habla, pero yo no los escucho. Yo no tengo una cabeza hueca ni un corazón vacío.

Deja que hablen de ti, bien o mal, pero que hablen. Eso demuestra la importancia de tu existencia.



domingo, 21 de agosto de 2016

Diferentes



Hay gente marcada por la vida desde pequeños. Los hay que han vivido siempre entre algodones, que su camino siempre ha sido recto e iluminado, tenían alguien que les llevaba de la mano cuando lo necesitaban y gracias a Dios nunca se perdieron. Sin embargo hay otros con el corazón lleno de cicatrices, que encontraron miles de piedras y no dejaron de tropezar, que daban vueltas y rodeos en la penumbra de su existencia y que no sólo se perdieron varias veces sino que alguna de ellas ni si quiera fueron capaces de volver a encontrarse.

Las primeras son esas a las que nunca les ha faltado nada, que recibieron más de lo que daban, que vivían y viven en la ignorancia del devastador mundo que les rodea, ajenos al sufrimiento de otros.
Las otras en cambio, a pesar de sus heridas y de haber visto la crudeza de la realidad son capaces de ponerse en pie incluso sin fuerzas. Quizá tampoco les faltó en su momento de nada, pero aprendieron a cultivar y a llenar su alma de otra forma, con sentimientos reales.

A veces es difícil aprender a entender y valorar a las personas por lo que son y no juzgarlas por su pasado o su presente, no porque no queramos que así sea, sino porque no es lo que hemos aprendido desde pequeños. Adoptamos una postura cómoda frente a la vida, pero no todas las circunstancias son las mismas, no todos somos iguales, ni somos capaces de afrontar las cosas de la misma manera.

Y a pesar de las diferencias , todos vivimos bajo el mismo cielo y sobre el mismo suelo y todos seremos juzgados de la misma manera, a las puertas del mismo final.

Porque no soy mejor o peor que tú, tan sólo soy diferente.

viernes, 19 de agosto de 2016

Poesía



"Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".


El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.


En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.


Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.


Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.


Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.


Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo.


Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido.


Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.


La misma noche que hace blanquear los mismos 
           árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.


Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.


De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.


Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.


Porque en noches como ésta la tuve entre mis
          brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.


Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo."


Pablo Neruda




Escuché por primera vez este poema de muy niña, cuando aún no era capaz de comprenderlo y lo amé, aún sin entender lo que significaba.

Una noche sin leerlo o escucharlo no era una noche completa.

Recuerdo aquel pequeño libro rojo que guardaba entre sus páginas éste y otros tesoros, 20 para ser exactos, y esa última "canción desesperada".
Recuerdo también a mi hermana y su voz suave recitándomelo casi entre susurros justo antes de dormir. Y ahora lo entiendo todo. Ahora entiendo lo que es la poesía.

No cualquiera puede hacerla, no cualquiera la lleva dentro. Porque no es cuestión de escribir sin más o rimar, ni de figuras literarias o retóricas, ni siquiera es cuestión de aprender técnicas. Es ser capaz de tocar hasta el corazón de un alma tan pura como la de un niño, tan sólo con tus palabras, pero esas que nacen de lo más profundo de tu ser.


Ser poeta es un don que pocos poseen y menos aún los que saben aprovecharlo.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Te hecho de menos




Nos equivocamos, alguna vez todos nos equivocamos, seguramente yo más que nadie, por eso es importante saber pedir perdón y arrepentirse, sobre todo si te equivocas con alguien a quién quieres mucho. 
A veces el orgullo es nuestro mayor y peor enemigo, pero hay gente que está por encima de todo eso. 
Quizá ahora me haya dado cuenta de que me importas más aún de lo que creía y más de lo que tú imaginabas. Y es que cuando echas tanto en falta a alguien comprendes que has sido una estúpida, que las cosas a las que has dado tanta importancia, no tienen sentido comparado con el daño que ahora te hace su ausencia.

Amig@



Aplaude mi locura y no me obligues a ser cuerdo si eso va a hacerme daño.
Déjame luchar contra Alifanfarón y su ejército o ayúdame contra los gigantes, pero acompañame en mi enajenación.
Quizá ella me conduzca a la muerte o a la gloria eterna al igual que a aquel inolvidable caballero.

No busco tu aprobación, tan sólo tu respeto y apoyo. Porque si luchas a mi lado, aunque no ganemos, te prometo lealtad eterna.
Tú, que soportas mis alegrías y llantos, que compartes mi dolor cuando más te necesito, que cabalgas a mi lado sobre tu rucio y me acompañas incluso en mis mayores despropósitos...no te alejes demasiado de mí, no me dejes sola.

Porque no hay mejor compañero que tú, mi querido escudero. Tú que has librado cientos de batallas a mi lado y que me apoyas en esta aventura que es la vida.

Yo te dejaré mi lanza si te hace falta, mi escudo intentará protegerte siempre, incluso daría mi vida por ti si es necesario.

martes, 16 de agosto de 2016

Muerte




Llévame muerte en tus brazos, ayúdame a salir de mi vacía existencia, muéstrame la densa oscuridad que te rodea y hazme libre.

Tú, que conoces mis secretos más ocultos, que sabes de mi vileza y aún así me llevas contigo a tu hogar no me olvides ahora que que es cuando más te necesito.

Parca, ven por mí, rodéame con tu negro velo y hazme olvidar. Saca mi alma corrompida de esta ruin existencia para que no lleve conmigo, a mi propia oscuridad, a otros espíritus.
Ayudame a cruzar la inquietante calma del averno, no dejes que me acobarde ante Cervero, yo que siempre presumí de falsa valentía, y póstrame ante su dueño, para que juzgue hasta el último de mis pecados.
Quizá, anhelar tu presencia ahora sea mi acto más cobarde, es cierto. Lo soy, y por ello suplico que escuches mis ruegos.

No te tengo miedo. No titubearé al verte cortar los delgados hilos que unen mi cuerpo y mi alma pero afila bien tu guadaña esta noche porque mis hilos se han endurecido tanto como mi corazón. Aquí te esperan mi cuerpo desnudo y frío y mi alma, sucia y desdichada.
Y tú ahí, a mi lado, asqueada por mi presencia al saber de mis infamias. Pero no es a ti a quien le tocará juzgar mis errores, tan solo serás el brazo ejecutor que me conducirá hasta mi fatal pero merecido destino. Y allí arderá mi alma. En el fuego purificador. Quizá así pueda compensar mis errores. Allí, al fin, mis fallos se convertirán en ceniza y tal vez así sea capaz de encontrar la paz.
Arranca mi último suspiro, mi último aliento, derrama mi sangre ante otros cegados infieles, desgarra mi carne ante su ignorancia y hazme tuya.

Llévame contigo te lo suplico, pues he hecho tanto daño a este mundo, que ya no puedo ni quiero seguir viviendo en él.

lunes, 15 de agosto de 2016

El reloj


A veces la vida nos pone a prueba, nos proporciona retos que ni nosotros llegamos a imaginar que podríamos superar. No porque seamos débiles o cobardes, sino porque nunca nos los hemos planteado realmente.
Creemos que estamos viviendo plenamente nuestra vida , sin darnos cuenta de lo frágiles que somos frente a la inmensidad de nuestro alrededor.

Hablamos de más y pensamos de menos.

Cada cosa tiene su momento y su lugar, estoy segura que nada está en manos del azar. A veces queremos pensar así para no sentirnos culpables o responsables, pero un reloj invisible marca cada segundo de nuestras vidas.
Puede ser una ruptura, una decepción, una enfermedad... no importa, todos tenemos pruebas que superar. Lo realmente importante es que sepamos cambiar las pilas a tiempo para que el daño en nuestro reloj no sea irreparable.

No quiere decir que no nos vaya a doler o incluso a hundir temporalmente, pero todo es pasajero. Ahora el dicho de "no hay mal que cien años dure" tiene más sentido que nunca.
Nunca nos hemos planteado cuándo será el final y seguimos sin querer hacerlo. Evitamos la realidad al igual que las cucarachas huyen de la luz, pero eso no quiere decir que la vida no siga pasando y se nos escurra entre los dedos si no hacemos algo por evitarlo.
Nada nos hace más fuerte que vencer nuestros propios temores, reconocer nuestras debilidades y afrontar nuestras equivocaciones. Llorar no es de débiles, es de humanos y sentir no te hace más vulnerable sino más fuerte.

Yo intento superar mi prueba día a día y aunque a veces no es fácil, no me rendiré, porque eso me hace cada día más fuerte.

domingo, 14 de agosto de 2016

Silencio



El silencio se apoderó de todo. Era incapaz de oír nada excepto como sus pensamientos martilleaban en su cabeza.
Se encontró sola en la barra de un bar ahogando sus desdichas en alcohol. Siempre había criticado eso, se le llenaba la boca juzgando sin entender, hasta ese momento, porqué esas desgraciadas almas se refugiaban en algo tan miserable y banal.
Pero ahora era ella la que necesitaba evadirse del mundo y su oscuridad, degustar el elixir de los pobres espíritus que son incapaces de sobrevivir en este mundo lleno de putrefactos sentimientos.
Ahora a casi todo el mundo le corrompía la codicia, el materialismo, el deseo de la carne que surgía de los instintos mas basicos, las prisas, el dinero, el ansia por ser alguien envidiado, el vértigo, el egoísmo... 

Se sentía fuera de lugar. ¿Dónde estaban ahora esos espíritus libres llenos de amor por el arte, la música, la literatura... Esos poetas capaces de hacer florecer sentimientos con unas simples palabras, capaces de erizarte el vello y despertar los deseos y anhelos más profundos de nuestro corazón? ¿Porque ya no abundaban esas prodigiosas almas?

En un mundo asediado por falta de emociones puras se reconoció a sí misma sola, en mitad de la nada, confusa, perdida,  privada de libertad. Y entendió que aunque nadie la comprendiese, aunque nadie entendiese como se sentía en lo más profundo de su ser, la libertad existía ahí, en su interior, que ahí nadie coartaba lo que pensaba y lo que sentía,  y que eso ya no podrían arrebatárselo jamás.

Aún así bebió. Bebió para olvidarse de todo lo que sabía del mundo y en lo que ella no encajaba. Y de pronto se sintió libre, como si estuviese en la inmensidad de un mar en calma y sonrió para sus adentros. Esa noche descubrió, que siendo ella misma llegaría mucho más lejos.

Quizá el mundo no estuviese preparado para alguien así, pero ella si estaba preparada para afrontar el mundo.

sábado, 13 de agosto de 2016

Tu ausencia


Hay palabras que dañan profundamente pero hay ausencias que asesinan el alma.  No hace falta no estar físicamente para ello, basta con un silencio incomodo, una mirada vacía o un corazón distraído.
Basta con verte y saber que no estás realmente ahí, que tus pensamientos no están conmigo y que nunca volverán a estarlo.

Cuanto daño hacen los cuentos de princesas. Cuánto daño hacen las expectativas, las palabras y las promesas.

Promesas que algún día hicimos, quizá con la intención de cumplirlas, pero que con el tiempo se desvanecieron en nuestros recuerdos. No porque no fuésemos capaces de llevarlas a cabo, sino porque ya no éramos capaces de mantenerlas.
La vida nos va cambiando, un poco al azar y otro poco por nuestras decisiones.
Quizá nos confundimos, tal vez demasiado, pero no es el momento para los remordimientos.
Quizá algún día, sin esperar ya por ello, vuelvas a aparecer en mi vida como al principio, antes de que todo acabase, y entonces nos daremos cuenta de quiénes somos y de quiénes queremos ser, pero esta vez juntos. O tal vez no, quién sabe.
Hemos sido nosotros mismos los que nos hemos llevado a esto, los que no hemos sabido apreciar lo que teníamos y los que no supimos valorar las pequeñas cosas que hacían tan grande lo nuestro.
Las miradas cómplices, las sonsrisas, las tormentas y los días cálidos, e incluso las peleas y los dulces besos de reconciliación.
Quizá tenía que ser así, igual es lo mejor para los dos, pero siempre tendremos la duda de hasta dónde podríamos haber luchado y a dónde podríamos haber llegado.
Eso ya no importa, la vela que nos consumía se apagó y ya no sabemos si podremos volver a encenderla.

Quizá debería haberte conocido ahora, en mi nueva vida, con mis nuevas metas, pero ya es absurdo pensar en ello, no quiero seguir haciéndome daño. Siempre serás parte de mi vida y de mí corazón porque en su momento, lo llenaste tanto que ahora hay un espacio que lleva tu nombre y tu imagen. No quiero que me olvides, es cierto, porque se que yo nunca podré olvidarte, pero tampoco quiero estancarme en el pasado porque en mis ojos ya no quedan lágrimas.
Ya no quiero pensar más en ti, tus recuerdos se clavan en mi pecho como puñales ardiendo, tu imagen me quema por dentro, tu sonrisa me recuerda lo que pudo ser y ya no será.


Pero mira hacia el futuro al igual que yo lo intento ahora y piensa si me ves en él, y quién sabe si en algún momento... volveremos a encontrarnos.

viernes, 12 de agosto de 2016

Arrepentimiento



Pobres espíritus mezquinos que buscan en la oscuridad a sus compatriotas.

Pobres de aquellos que se refugian en las barras de bares angostos y sucios para sentirse un poco mejor que aquello que les rodea. De esos que ahogan sus penas o matan sus demonios en alcohol barato y  que "aman" sin corazón y usan los cuerpos para calmar sus ansias.

Pobres de los que huyen de sí mismos incapaces de amarse tal como son, que reniegan de sus virtudes ensalzando sus defectos y no se dejan ser amados.

De los locos que ansían la cordura sin luchar contra molinos de viento.

Pobres de aquellos que levantan su espada 
sin tener un motivo por el que luchar, de los que gritan libertad encadenados a los recuerdos. De los que quieren volar sin abrir sus alas y de aquellos que desean amar sin exponer su alma.

Porque no hay nada en este mundo como la sensación de arriesgarse incluso a riesgo de equivocarse o jugarse en una sola partida nuestros anhelos más preciados. Aquellos que se mecen entre el corazón y la cabeza llenando nuestro  interior como si de un globo se tratase, con su misma fragilidad, pero ocupando, al fin y al cabo, un hueco vacío.

Pobres almas incapaces de concederse el capricho de ser valientes, porque de ellas será el reino de los arrepentimientos.

jueves, 11 de agosto de 2016

Placeres



Esa noche todo fue muy diferente a como lo había sido hasta ahora, esa noche se encontraba pensativa, callada, ausente... Como aquel poema.

No intenté comprenderla, simplemente quería estar allí para ella, demostrarle que lo que ahora sentía era mucho más que antes, mucho más que algo efímero. Me miró, sonreí sin separar mis labios y con mi mano acaricié su rostro, suspiró. Me acerqué, posamos nuestras frentes y permanecimos así bastante tiempo, sin mencionar palabra. Cerré mis ojos.

Después de unos minutos unió sus labios a los míos, en un beso lento de aquellos que roban el alma por completo, no decíamos nada, nos dejamos llevar en el silencio de su nostalgia. 
La desnudé lentamente entre besos, acariciando su piel desnuda y ella me desnudó palpando mi cuerpo.

Estábamos acostumbrados a tener sexo placentero.

La penetré con inmenso placer, mis manos subieron por su cintura, su pecho, luego más, llevándola a elevar sus brazos. Mis manos la acariciaron por completo hasta llegar a sus manos, entrelacé mis dedos con los suyos, besé su cuello, suspiraba profundamente y yo sentía cómo también disfrutaba.

Nuestros ojos cerrados, nuestras bocas y lenguas juntas, nuestras manos se sentían, nuestros sexos unidos en frenesí provocaban que nuestros cuerpos sudaran de una manera perfecta para el tacto de nuestras pieles, no nos detuvimos hasta explotar juntos de placer...

Esa noche llenamos nuestros cuerpos y nuestras almas.

martes, 9 de agosto de 2016

Desenmascarados



Todo el mundo llevamos una máscara para protegernos del mundo y para proteger al mundo de nosotros mismos.

Solemos estar tan pendientes de que esa máscara no se mueva y nos deje al descubierto, que olvidamos lo que hay escondido tras ella.
Tenemos miedo a mostrarnos al mundo tal cual somos, preferimos dar a los demás lo que se espera de nosotros y coartamos nuestra propia libertad.

¡Que hipocresía! ¿Cuánto esperamos nosotros de los demás?

Sentada en la mesa de la esquina de aquel bar veía tras las cristaleras pasar la gente, personas ensimismadas en sus propias historias. También veia en la terraza un grupo de amigas que se divertían entre chismes y cotilleos, bebian cerveza y reían a carcajadas, pero ella sabía bien, que tras las falsas risas que dibujaban sus máscaras, también existían penas y llantos. Eso no la consolaba,  de un tiempo a esta parte, incluso rodeada de gente, se sentía sola. Tal vez por eso, la soledad como tal, como el resto del mundo la entendía, para ella ya no existía.  Comprendió que hay algo peor que no tener gente a su alredesor, y era tenerla y aún así, sentirse vacía.

Había tantas máscaras a su alrededor, que no conseguía ver más allá de ellas y la suya cada vez era más oscura y más opaca.
Antes, quizá, hubiese sido capaz de leer las miradas que se escondían tras los únicos agujeros que mostraban algo real en los rostros que habitaban junto a ella.
Sabía que ella tampoco podía abandonar su máscara, la que cubría sus flaquezas y debilidades.


La que ocultaba que, en realidad, ella también era un monstruo corrompido por el veneno que ahora se concentraba en este podrido mundo.

Libres


Hubo días malos. No vamos a fingir que no ha sido así. Hubo días muy malos. 
No sé si los hubo para ti, me imagino que sí. 
Cuando algo se acaba, aunque una de las partes esté totalmente convencida, siempre duele. No porque tengamos alguna duda, ni porque no lo deseemos, sino porque en algún momento, cuando todo comenzó, pensamos que el final no llegaría nunca. Y sin embargo, llegó, porque todo acaba, de una manera u otra.
Pero también hubo días buenos. En los que comparas, y te das cuenta de que tal vez es mejor así. Y que, probablemente, hubiera sido mejor así desde hace más tiempo del que queríamos creer. Que nos aferramos tanto a algo, simplemente por rutina o por comodidad, que olvidamos todo lo bueno que nos estamos perdiendo. Y me resulta sorprendente, cómo una persona puede cambiar por su pareja, moldearse hasta perder su esencia y volverse en blanco y negro, perder todo el color.
No te deseo nada malo, de hecho, espero que encuentres el amor y, que esta vez, no tenga punto final. 
Que, simplemente, las cosas no siempre salen como queremos. Que esa frase de “no eres tú, soy yo” tiene más sentido de lo que queremos creer. 

¿Que qué pasó? La vida. De nada sirve estar con alguien por pena o compromiso, simplemente es alargar lo inevitable. Has de saber también que las cosas se pudieron hacer mejor, pero que tampoco es fácil. Que los hechos se van desencadenando un poco al azar y otro poco con la mala suerte.
No lo sé. No sé qué pudimos haber sido. Y ahora, la verdad, no me importa. 
Me importó en su momento, y esa idea rondó por mi cabeza hasta que mi imagen de ti se difuminó y se perdió entre mis recuerdos. Porque, si algo tengo claro, es que siempre permanecerás ahí, en alguna parte de mi memoria y de mi corazón, como alguien especial. 
Que si nos encontramos, no quiero que actuemos como desconocidos, porque si algo duele realmente es fingir que algún día no fuiste importante para mí.
Pero alguien ocupó tu lugar. No tiene por qué ser una pareja. Tal vez fue una amiga, un amigo, tal vez un familiar, un compañero, un hobby... Y, obviamente, alguien ocupó el mío. Y así es como ha de ser, no quiero huecos vacíos en ningún corazón. Pero también tengo que decir, a quien me dejó marchar, que es una decisión con la que tendrás que cargar el resto de tus días. 
Que puedo prometerte, que jamás encontrarás alguien como yo, al igual que estoy segura que nunca conoceré a nadie como tú. Porque todos somos únicos, inigualables, especiales de los pies a la cabeza. 
Que nadie te volverá a mirar con los mismos ojos, ni te sonreirá de la misma manera. Que nadie volverá a hacerte reír del mismo modo. Ni a hacerte llorar. 
Y tal vez, en algún momento, cuando creas que me olvidaste, alguien pasará a tu lado con mi perfume y durante unos segundos volverás tiempo atrás. Y pensarás. Pensarás en mí.
¿Sabes qué creo? Que un día cualquiera, una mañana cualquiera, después de un tiempo, te despertarás con alguien a tu lado y te darás cuenta de que me echas de menos.
Hay historias que nunca acaban pero, del mismo modo, hay otras que nunca llegaron a empezar. 


Te deseo lo mejor a ti, y a quien te dejó marchar, por hacernos libres.