miércoles, 12 de octubre de 2016

Abre tus ojos y tus alas








Dio unos pasos hacia el abismo que se abría ante ella, alejándose de sus miedos y sus temores, escapando de las cuerdas invisibles que ataban sus emociones a la  inevitable rutina que asediaba su alma.

El agua se tornaba verde y azul bajo los rayos de sol que caían impasibles ante la atenta mirada del tiempo. Pasaban las horas y los días y todo seguía igual, inmóvil, desolado, muerto. Cómo si yaciera inerte con las manos sobre el pecho, sintiendo cada latido pero imperturbable ante las manecillas que marcaban el inevitable destino.

Las entrañables raíces de los árboles se pudrían poco a poco con cada lágrima derramada por los rostros compungidos que no encontraban ni un instante de paz, y ya serían incapaces de florecer otra primavera más, ni siquiera bajo el reconfortante calor que el dorado gigante desprendía, no sin las perladas sonrisas y el brillo de la esperanza en las centelleantes pupilas.

Los colores que antes se mecían en el viento fueron perdiendo intensidad ante las vacías miradas, hasta convertirse en una escala de grises tediosos, olvidando los matices que  hacían únicos cada momento que se recordaban como pura monotonía. Se velaban los ojos y se caía en la desolación de las adormecidas almas.

Un halcón cruzó imponente ante sus ojos con las alas desplegadas en toda su magnitud, recordándole que sus ansias de libertad únicamente se veían coartadas por su oscura visión ante el mundo y su miedo a abrir sus alas para alzar el vuelo.



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