domingo, 2 de octubre de 2016

Lucha de gigantes






Despertó inmóvil en una cama, llena de miedos e incertidumbres. Su vida había cambiado para siempre y sin embargo no se resignaba a que aquello fuera el final.

Resignarse era abandonarse a su destino sin luchar, sin dar la guerra a la que estaba acostumbrada y no quería hacer eso, no podía permitirse el lujo de llorar el resto de su vida y no rendir pleito. Mentalmente luchó con todas sus fuerzas para reunir la valentía que necesitaba para buscar luz entre la oscuridad que se presentaba ante sus ojos. En aquel momento lloró y se desesperó, no sabia como lidiar contra la amarga prueba que le había puesto la vida. Maldijo un millón de veces a su Dios por haberla abandonado, y sin embargo  nunca se rindió a pesar del mal pronóstico que le auguraban. El temible final no se apodedaria de ella, al menos no de su voluntad.

Postrada en una silla veía el mundo pasar ante sus ojos a una velocidad desorbitada y ella ni si quiera podía moverse.

Todo a su alrededor seguía en la normalidad habitual, las idas y venidas de la gente se convirtieron en fotogramas a cámara rápida que pasaban por su lado sin siquiera girar la mirada. Dejó mucha gente por el camino, personas que nunca estuvieron a la altura de la situación. Se convirtió en una especie de "estorbo" para  compañías a las que creía amigos y a cambio aprendió a valorar como nunca a aquellos que aunque todo se fuera a la mierda, se quedaron a su lado.

Conoció a los verdaderos amigos, los que sufrían y lloraban con ella, aquellos que también le ofrecían sus ratos, palabras y brazos para hacerla sentir mejor.

Todo fue a peor cuando tuvo que alejarse de su tierra, sus verdaderos amigos y su vida, pero ahora era cuando más valor debía mostrar, cuando tenía que demostrarle a todo y a todos que su voluntad era más fuerte que nunca y que jamás se rendiría, ahí comenzó su verdadera lucha.

Y así pasaron los años, con algunos momentos de felicidad en la inmensa soledad que la invadía, una soledad que simplemente sentía por dentro, porque los más importantes seguían junto a ella, su familia.

También conoció mucha gente que se unió al vaivén de sus días, que la quiso y la aceptó por lo que era ahora y a los que ya les debe tanto que una vida entera no será suficiente.

Tras mucho trabajo, mucho esfuerzo y mucha lucha... todo comenzaba a tomar forma de nuevo en su vida y al fin era capaz de ver la luz al final del túnel.

Y se prometió a sí misma no rendirse jamás.







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