lunes, 19 de septiembre de 2016

No me sonrías así...





Paseando por la calle observé sonrisas de plástico, mentiras dibujadas en forma de alegría forzada, labios bajo una tensión latente que se obligaban a formar una amplia línea curva hasta en los rostros más desencajados.

Las cicatrices del alma ya sólo se ocultan bajo una obligada sonrisa, da igual lo que sientas o cómo te sientas, lo único que hacemos es fingir, ejecutamos papeles como si de actores nos tratásemos.

Creemos que la "felicidad", aunque sea inventada, nos coloca en un escalón superior, más cercano al Olimpo y los Dioses que allí moran. Nos convierte en más poderosos e invencibles, pero al final tan sólo es un engaño, una ilusión, una quimera.

Nos da miedo enfrentarnos a la realidad, por eso creamos mentiras, falsas apariencias, hipócritas sonrisas y nos autoconvencemos de nuestra propia farsa.

La "felicidad" como tal, a veces no es real, tan solo una fachada, pero intentamos vivir ajenos al dolor de nuestra superflua existencia difrazando de coraje y alegría nuestros gestos, escondiéndonos detrás del entusiasmo que ahora reflejan nuestros embusteros rostros y llenando nuestras cabezas de falaces palabras que creemos nos harán sentir mejor con nosotros mismos.

Mentirnos a nosotros y a los demás no sanará las heridas, y fingir falso júbilo tampoco pero creemos que así  no dejaremos visibles nuestras  flaquezas, y eso es lo que nos hace sentirnos más fuertes ante los ojos de los que consideramos titanes que amenazan con quebrar definitivamente nuestras emociones y nuestros corazones.


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