domingo, 18 de septiembre de 2016

Allí estará Él




Cuentan que cuando un alma errante queda atrapada demasiado tiempo en el purgatorio, a la espera de su purificación, el dolor es tan inmenso que son capaces de mirar a los ojos al mismísimo diablo y suplicar por su miserable destino.

Pobres almas encadenadas a la condena de sus pecados, que anhelan la hora de unirse al Padre en la inmensidad de su gloria para disfrutar al fin de un poco de paz. Pobres desgraciadas, que se arrastran en la oscuridad de la densa niebla que oculta hasta sus mayores atrocidades aún seguidas de arrepentimientos. Pobres almas sumidas en la desesperación, castigadas y dejadas a su suerte mientras buscan un atisbo de luz en la profunda infinidad de su patética existencia.

Algún día ellas pasaron por esta vida sin pena ni gloria y de ellas solo nos queda el refugio de su insípida  intrascendencia.

Esperan ansiosas ahora el perdón de Nuestro Señor, y poder vanagloriarse por pertenecer al reino de los cielos, pero primero deberán cumplir su condena.
Deberán limpiar su espíritu y su pasado si quieren renacer en un nuevo futuro con la promesa de la vida eterna.

Benditas almas que algún día conocerán el inmenso regalo que Dios les hace al presentarles esta última oportunidad de salvación. Esa última mirada de amor que les llevará a encontrarse con él en la grandeza de su reino eterno.


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