miércoles, 12 de octubre de 2016

Abre tus ojos y tus alas








Dio unos pasos hacia el abismo que se abría ante ella, alejándose de sus miedos y sus temores, escapando de las cuerdas invisibles que ataban sus emociones a la  inevitable rutina que asediaba su alma.

El agua se tornaba verde y azul bajo los rayos de sol que caían impasibles ante la atenta mirada del tiempo. Pasaban las horas y los días y todo seguía igual, inmóvil, desolado, muerto. Cómo si yaciera inerte con las manos sobre el pecho, sintiendo cada latido pero imperturbable ante las manecillas que marcaban el inevitable destino.

Las entrañables raíces de los árboles se pudrían poco a poco con cada lágrima derramada por los rostros compungidos que no encontraban ni un instante de paz, y ya serían incapaces de florecer otra primavera más, ni siquiera bajo el reconfortante calor que el dorado gigante desprendía, no sin las perladas sonrisas y el brillo de la esperanza en las centelleantes pupilas.

Los colores que antes se mecían en el viento fueron perdiendo intensidad ante las vacías miradas, hasta convertirse en una escala de grises tediosos, olvidando los matices que  hacían únicos cada momento que se recordaban como pura monotonía. Se velaban los ojos y se caía en la desolación de las adormecidas almas.

Un halcón cruzó imponente ante sus ojos con las alas desplegadas en toda su magnitud, recordándole que sus ansias de libertad únicamente se veían coartadas por su oscura visión ante el mundo y su miedo a abrir sus alas para alzar el vuelo.



miércoles, 5 de octubre de 2016

Apolo







Un escalofrío recorrió todo su cuerpo recordando aquella noche.

La luna había terminado contemplando sus cuerpos desnudos y ávidos de deseo. El contacto de sus pieles era suave pero electrizante y el sudor, que cubría con una fina capa sus cuerpos, se entremezclaba perfumando el ambiente de casi palpable lujuria y deseo. Sus dedos temblaban al rozar su torso claro y perfecto y sin embargo, él parecía tan seguro de sí mismo y de a lo que estaba jugando...

Se dejó llevar por el momento y sus sentimientos, ya no era su cabeza y su razón las que hablaban, ahora su corazón y su cuerpo habían tomado las riendas al igual que dos experimentadas amazonas cabalgando en ruta hasta Cilicia, buscando el éxito sobre sus batallas.

Había ansiado tanto ese momento que ni siquiera pensaba en cómo había llegado hasta ahí. Ella lo adoraba y al fin podía poseer su cuerpo, con eso se conformaba, pues creía no ser capaz nunca de poseer su alma.

Él, la besaba dulcemente, era tan sutil su contacto que a veces creía simplemente que Morfeo había vuelto a por ella sumiéndola en un trance de placer imaginario. Ella, se deshacía en su boca y disfrutaba del baile de sus lenguas ardientes al compás de sus latidos.

Admiraba su desnudez. Su cuerpo claro, esbelto y suave parecia tallado en alabastro, y creyó estar contemplando un ángel privado del milagro de sus alas, era tan bello que su imagen dañaba sus pupilas. Su pelo caía delicadamente sobre su nuca y ansiaba perder sus dedos en él y jugar con cada exquisito mechón como si de sedosas plumas se tratase.

Arqueaba su cuerpo para recibir plenamente a su Apolo, dueño indiscutible de todo su ser y se dejaba caer en un profundo abismo de placer inexplicable del que no quería volver a salir. Se rindió completamente a sus pasiones y a su devoción por él y el estallido de su vientre fue inigualable.

Se había convertido irremediablemente suya en cuerpo y alma.



martes, 4 de octubre de 2016

Todo y Nada






No sé en qué momento Dios decidió ponerte en mi camino, pero ya creo saber para qué y me faltará vida para agradecer este soplo de aire fresco.

Despiertas mi cerebro aletargado ante la mediocridad de esta sociedad en la que coexistimos, dónde me siento inevitablemente fuera de lugar. Tu voz es casi hipnótica para mis oídos, cuando estoy contigo el mundo se detiene por unos instantes, todo se apaga y ante la lejanía de la realidad  tan solo queda tu luz, tu respiración y tus palabras, que me ayudan a volar alto y lejos de la simpleza que emana la humanidad que nos acompaña.

Sin embargo, después de conocerte a tí, aún creo que queda algo de esperanza para este desolador mundo que se vicia cada día más de egoísmo y soberbia.

Buscamos sin demasiado interés, con los ojos entrecerrados, y queremos las cosas fáciles de alcanzar, pues esas no conllevan demasiado esfuerzo ni dedicación. Atajamos caminos simplemente para "llegar" cuanto antes a nuestros destinos y por ello nos perdemos en el viaje paisajes y momentos inolvidables, luces y colores...

Se ha llegado tan lejos y caído tan bajo que ya ni siquiera se siente respeto por el sagrado regalo que es la vida.

Nos creemos en posesión de la verdad absoluta, dueños de todo lo que nos rodea, sentimos el derecho de poder hacer y deshacer a nuestro antojo incluso aunque conlleve arrasar con otras vidas.

Pero tú no eres así y me gusta cuando me abres los ojos, llenas mis oídos y desnudas mi alma. Eres capaz de convertirte en "todo" sin ser realmente "nada" mío.

Y es que eres adictivo y tus palabras son mi droga.



domingo, 2 de octubre de 2016

Lucha de gigantes






Despertó inmóvil en una cama, llena de miedos e incertidumbres. Su vida había cambiado para siempre y sin embargo no se resignaba a que aquello fuera el final.

Resignarse era abandonarse a su destino sin luchar, sin dar la guerra a la que estaba acostumbrada y no quería hacer eso, no podía permitirse el lujo de llorar el resto de su vida y no rendir pleito. Mentalmente luchó con todas sus fuerzas para reunir la valentía que necesitaba para buscar luz entre la oscuridad que se presentaba ante sus ojos. En aquel momento lloró y se desesperó, no sabia como lidiar contra la amarga prueba que le había puesto la vida. Maldijo un millón de veces a su Dios por haberla abandonado, y sin embargo  nunca se rindió a pesar del mal pronóstico que le auguraban. El temible final no se apodedaria de ella, al menos no de su voluntad.

Postrada en una silla veía el mundo pasar ante sus ojos a una velocidad desorbitada y ella ni si quiera podía moverse.

Todo a su alrededor seguía en la normalidad habitual, las idas y venidas de la gente se convirtieron en fotogramas a cámara rápida que pasaban por su lado sin siquiera girar la mirada. Dejó mucha gente por el camino, personas que nunca estuvieron a la altura de la situación. Se convirtió en una especie de "estorbo" para  compañías a las que creía amigos y a cambio aprendió a valorar como nunca a aquellos que aunque todo se fuera a la mierda, se quedaron a su lado.

Conoció a los verdaderos amigos, los que sufrían y lloraban con ella, aquellos que también le ofrecían sus ratos, palabras y brazos para hacerla sentir mejor.

Todo fue a peor cuando tuvo que alejarse de su tierra, sus verdaderos amigos y su vida, pero ahora era cuando más valor debía mostrar, cuando tenía que demostrarle a todo y a todos que su voluntad era más fuerte que nunca y que jamás se rendiría, ahí comenzó su verdadera lucha.

Y así pasaron los años, con algunos momentos de felicidad en la inmensa soledad que la invadía, una soledad que simplemente sentía por dentro, porque los más importantes seguían junto a ella, su familia.

También conoció mucha gente que se unió al vaivén de sus días, que la quiso y la aceptó por lo que era ahora y a los que ya les debe tanto que una vida entera no será suficiente.

Tras mucho trabajo, mucho esfuerzo y mucha lucha... todo comenzaba a tomar forma de nuevo en su vida y al fin era capaz de ver la luz al final del túnel.

Y se prometió a sí misma no rendirse jamás.







domingo, 25 de septiembre de 2016

Vértigo





Una vez más caminé sin sentido por las angostas y oscuras calles que formaban un laberinto en la pequeña ciudad, absorta en mi infinita soledad, con las manos metidas en mi viejo abrigo verde desgastado por el tiempo, pensando lo que podría haber sido de ti, de mí, de nosotros...

Recordando nuestras historias, nuestros secretos, aquellas palabras que ya sólo formarán parte del olvido.

Sin poder evitarlo una lágrima recorrió mi rostro, era la llamada de la desesperación que me invadía, la tristeza que poco a poco consumía mi alma, frágil, como una mota de polvo cósmico que flota en la inmensidad del vacío de nuestra existencia.

Alejada de Dios y del mundo recordaba el brillo de su mirada, tan limpia y serena como un mar en calma, las motas verdes que salpicaban de una forma tan curiosa sus iris en los que me había perdido una y otra vez únicamente  acompañada por el silencio. Aquellos ojos habían iluminado mis días, incluso los más oscuros, y sin embargo ya no los volvería a ver, tan sólo me quedaba imaginarlos, dibujarlos en mi cabeza y tatuarmelos en el alma.

Ante la decadencia de mis pensamientos mi cabeza comenzó a dar vueltas y unas infinitas ganas se vomitar se apoderaron de mis entrañas. Decirle adiós fue lo más duro que he hecho en mi vida y pensar que jamás volvería a verle me producía un vértigo inexplicable, incluso con los pies bien aferrados al suelo.

Fue arrancado del mundo en su mejor momento, cuando más brillaba, lleno de planes y de vida, todo se apagó repentinamente y me dejó sola ante la adversidad de afrontar su ausencia. 

Y así pasan los días, yo lejos de él y él ya, lejos de todo.  



lunes, 19 de septiembre de 2016

No me sonrías así...





Paseando por la calle observé sonrisas de plástico, mentiras dibujadas en forma de alegría forzada, labios bajo una tensión latente que se obligaban a formar una amplia línea curva hasta en los rostros más desencajados.

Las cicatrices del alma ya sólo se ocultan bajo una obligada sonrisa, da igual lo que sientas o cómo te sientas, lo único que hacemos es fingir, ejecutamos papeles como si de actores nos tratásemos.

Creemos que la "felicidad", aunque sea inventada, nos coloca en un escalón superior, más cercano al Olimpo y los Dioses que allí moran. Nos convierte en más poderosos e invencibles, pero al final tan sólo es un engaño, una ilusión, una quimera.

Nos da miedo enfrentarnos a la realidad, por eso creamos mentiras, falsas apariencias, hipócritas sonrisas y nos autoconvencemos de nuestra propia farsa.

La "felicidad" como tal, a veces no es real, tan solo una fachada, pero intentamos vivir ajenos al dolor de nuestra superflua existencia difrazando de coraje y alegría nuestros gestos, escondiéndonos detrás del entusiasmo que ahora reflejan nuestros embusteros rostros y llenando nuestras cabezas de falaces palabras que creemos nos harán sentir mejor con nosotros mismos.

Mentirnos a nosotros y a los demás no sanará las heridas, y fingir falso júbilo tampoco pero creemos que así  no dejaremos visibles nuestras  flaquezas, y eso es lo que nos hace sentirnos más fuertes ante los ojos de los que consideramos titanes que amenazan con quebrar definitivamente nuestras emociones y nuestros corazones.


domingo, 18 de septiembre de 2016

Allí estará Él




Cuentan que cuando un alma errante queda atrapada demasiado tiempo en el purgatorio, a la espera de su purificación, el dolor es tan inmenso que son capaces de mirar a los ojos al mismísimo diablo y suplicar por su miserable destino.

Pobres almas encadenadas a la condena de sus pecados, que anhelan la hora de unirse al Padre en la inmensidad de su gloria para disfrutar al fin de un poco de paz. Pobres desgraciadas, que se arrastran en la oscuridad de la densa niebla que oculta hasta sus mayores atrocidades aún seguidas de arrepentimientos. Pobres almas sumidas en la desesperación, castigadas y dejadas a su suerte mientras buscan un atisbo de luz en la profunda infinidad de su patética existencia.

Algún día ellas pasaron por esta vida sin pena ni gloria y de ellas solo nos queda el refugio de su insípida  intrascendencia.

Esperan ansiosas ahora el perdón de Nuestro Señor, y poder vanagloriarse por pertenecer al reino de los cielos, pero primero deberán cumplir su condena.
Deberán limpiar su espíritu y su pasado si quieren renacer en un nuevo futuro con la promesa de la vida eterna.

Benditas almas que algún día conocerán el inmenso regalo que Dios les hace al presentarles esta última oportunidad de salvación. Esa última mirada de amor que les llevará a encontrarse con él en la grandeza de su reino eterno.