Pobres espíritus mezquinos que buscan en la oscuridad a sus compatriotas.
Pobres de aquellos que se refugian en las barras de bares angostos y sucios para sentirse un poco mejor que aquello que les rodea. De esos que ahogan sus penas o matan sus demonios en alcohol barato y que "aman" sin corazón y usan los cuerpos para calmar sus ansias.
Pobres de los que huyen de sí mismos incapaces de amarse tal como son, que reniegan de sus virtudes ensalzando sus defectos y no se dejan ser amados.
De los locos que ansían la cordura sin luchar contra molinos de viento.
Pobres de aquellos que levantan su espada
sin tener un motivo por el que luchar, de los que gritan libertad encadenados a los recuerdos. De los que quieren volar sin abrir sus alas y de aquellos que desean amar sin exponer su alma.
Porque no hay nada en este mundo como la sensación de arriesgarse incluso a riesgo de equivocarse o jugarse en una sola partida nuestros anhelos más preciados. Aquellos que se mecen entre el corazón y la cabeza llenando nuestro interior como si de un globo se tratase, con su misma fragilidad, pero ocupando, al fin y al cabo, un hueco vacío.
Pobres almas incapaces de concederse el capricho de ser valientes, porque de ellas será el reino de los arrepentimientos.

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