martes, 30 de agosto de 2016

Noches de bohemia







En la ciudad todo estaba prácticamente desierto. Era muy tarde y la oscuridad ya se había apoderado de casi todo. 

Él caminaba por el parque, dónde pocas luces seguían brillando en alguna farola salteada. Muchas de ellas se habían fundido al igual que muchos sentimientos se habían apagado en su  corazón.
Caminaba lentamente con las manos metidas en los bolsillos de su raído abrigo gris, se sentía identificado con aquella prenda, llena de recuerdos y remiendos superpuestos, que tan sólo servían para estirar un poco más la agonía de su gabán. Maldecía en silencio y de vez en cuando soltaba algún impropierio en voz baja mientras daba puntapiés a las piedras que se encontraba en su camino.
Sacó una pequeña petaca y dio un sorbo  a su whiskey con las manos temblorosas. Intuía que ya no le quedaba demasiado tiempo por como su cuerpo se estremecía cada vez más bruscamente, bebió otro sorbo y se sentó en un banco. Ya prácticamente no era capaz de lidiar con el dolor, así que se recostó boca arriba mirando las estrellas que cubrían el tupido manto de terciopelo azul, como si quisiera sacar una fotografía con sus retinas para inmortalizar ese instante. Vió tambien las desnudas ramas de los árboles, retorcidas por el paso del tiempo y las asemejó a su pesar, el ambiente se tornó un tanto tétrico para él, pero allí estaba y ese era el sitio que ahora mismo lo representaba.

Se quedó allí, quieto, en silencio, observando cada detalle, de repente una estrella fugaz se asomó tímidamente por el cielo y se dió cuenta de que quizá ya no era el momento de pedir ningún deseo pero sí de dar las gracias.

Gracias a la vida por cada momento que le había regalado y que ahora podría llevarse consigo.


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