domingo, 28 de agosto de 2016






No sé si hubiera querido conocerte ahora.  Justo cuando me siento más frágil y vulnerable. Ahora que mis emociones están a flor de piel y no se como manejar mis sentimientos. Ahora que estoy tan perdida y tan confusa, que las pasadas experiencias tan sólo me han enseñado a tener más miedo de todo y de todos, incluso de ti.

Te conocí sin esperarlo, encontrándote en la noche, ebrio de soledad y sobrio de pensamientos . Alumbraste mi oscuridad en el crepúsculo más profundo y llenaste el vacío que me consumía sin a penas darte cuenta. Tus palabras llenaron mis silencios y tus besos ahogaron mis miedos, al menos por esa noche. 

Me perdí en tus ojos intentando llegar a lo más profundo de tu ser y creí reconocer en ti tu verdadera belleza, la pureza de tu alma.


Tu sonrisa tierna, como la de un niño que mira a su madre tras hacer una pequeña travesura, me hizo deshacerme de la desconfianza y tu mirada profunda y libre de maldad, me hizo querer sumergirme en ti, en lo más profundo, ahí donde eres realmente tú. Donde reside tu esencia. Nada podía compararse con tu arrolladora personalidad, tus pensamientos y tus palabras. Y  es que llegaste a mí sin avisar, como un remanso de paz, pero provocando tempestades.

Quizá pienses que estoy loca, y lo entendería, pero déjame disfrutar un poco más de mi enajenación, porque me has ayudado a mitigar un poco el dolor y brillas con plenitud ante mis ojos.

La sólida barrera que intentaba crear a mi alrededor comenzó a derrumbarse, ya no quedaba nada más que una nube de humo que poco a poco también empezaba a disiparse. 

Entonces entendí lo que significabas para mi.

No necesito amarte ni poseerte, porque ya consigues llenar un hueco de mi vida, simplemente por el hecho de formar parte de ella.

Te conocí como a cualquiera, sin buscar nada, y terminé queriéndote como a nadie, encontrándolo todo.



...Al menos  lo que necesitaba por ahora.



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