Vivimos en un mundo al revés, dónde se paga más caro ser buena persona que un terrorista contra la vida humana, los pensamientos propios y los sentimientos puros.
Cuánto daño a hecho nuestra especie a este regalo.
Cuánta hipocresía disfrazada de bondad, cuántas palabras como afilados cuchillos desgarrando nuestras entrañas, intentado llenar el mundo de odio y de convencer a las personas de que su sangre es más pura que la de el resto de almas que habitan junto a nosotros.
El mundo no fue creado para esto, no para saciar nuestras ansias de poder ni para ensalzar nuestro orgullo. Llegamos a este mundo desnudos, todos y cada uno de nosotros, porque somos iguales y porque eso muestra nuestra fragilidad.
¿Y qué hemos hecho nosotros?
Hemos criticado y menospreciado a nuestro prójimo, hemos creado diferencias inexistente, destrozado sueños e ilusiones, corrompido almas, creado barreras infranqueables por nuestros propia ceguera, la causada por esas tupidas vendas que hemos decidido ponernos alrededor de nuestros ojos. Y sin embargo nos atrevemos a juzgar a los demás.
En este mundo hay personas buenas y malas, y suelen abundar más las segundas por desgracia, pero...
¿Quién es peor? ¿Tú que lo haces mal o yo, que siendo consciente de ello miro hacia otro lado, agacho la cabeza y guardo silencio?
A veces la cobardía es nuestro mayor crimen, pero eso no lo consideramos maldad, simplemente porque no es un daño evidente ni palpable.
Este no es el mundo que quiero ni necesito, lleno de sombras, sentimientos y actos corrompidos, porque no me siento identificada ni realmente viva en él, porque esto ya no es el mundo que debió haber sido.
Porque sólo nosotros podríamos cambiar el rumbo pero la desesperanza ya reina en nuestros corazones.

Muy buena reflexión!
ResponderEliminarMuy buena reflexión!
ResponderEliminar