domingo, 14 de agosto de 2016

Silencio



El silencio se apoderó de todo. Era incapaz de oír nada excepto como sus pensamientos martilleaban en su cabeza.
Se encontró sola en la barra de un bar ahogando sus desdichas en alcohol. Siempre había criticado eso, se le llenaba la boca juzgando sin entender, hasta ese momento, porqué esas desgraciadas almas se refugiaban en algo tan miserable y banal.
Pero ahora era ella la que necesitaba evadirse del mundo y su oscuridad, degustar el elixir de los pobres espíritus que son incapaces de sobrevivir en este mundo lleno de putrefactos sentimientos.
Ahora a casi todo el mundo le corrompía la codicia, el materialismo, el deseo de la carne que surgía de los instintos mas basicos, las prisas, el dinero, el ansia por ser alguien envidiado, el vértigo, el egoísmo... 

Se sentía fuera de lugar. ¿Dónde estaban ahora esos espíritus libres llenos de amor por el arte, la música, la literatura... Esos poetas capaces de hacer florecer sentimientos con unas simples palabras, capaces de erizarte el vello y despertar los deseos y anhelos más profundos de nuestro corazón? ¿Porque ya no abundaban esas prodigiosas almas?

En un mundo asediado por falta de emociones puras se reconoció a sí misma sola, en mitad de la nada, confusa, perdida,  privada de libertad. Y entendió que aunque nadie la comprendiese, aunque nadie entendiese como se sentía en lo más profundo de su ser, la libertad existía ahí, en su interior, que ahí nadie coartaba lo que pensaba y lo que sentía,  y que eso ya no podrían arrebatárselo jamás.

Aún así bebió. Bebió para olvidarse de todo lo que sabía del mundo y en lo que ella no encajaba. Y de pronto se sintió libre, como si estuviese en la inmensidad de un mar en calma y sonrió para sus adentros. Esa noche descubrió, que siendo ella misma llegaría mucho más lejos.

Quizá el mundo no estuviese preparado para alguien así, pero ella si estaba preparada para afrontar el mundo.

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