viernes, 26 de agosto de 2016

No te necesito






A veces confundimos el cariño con el amor.

No es tan difícil hacerlo.

Los sentimientos como la ternura y la bondad abundan tan poco en nuestro tiempo que tendemos a magnificar las emociones, porque esperamos, que por fin, algo o alguien llene tanto nuestras vidas que nos haga inmensamente felices.

Buscamos incesantemente cosas, personas o señales a nuestro alrededor, para aferrarnos a ellas al igual que a un clavo ardiendo, creyendo que así podremos conseguirlo. Pero las quimeras se van desvaneciendo con el tiempo o con las circunstancias. Al final, mirando al pasado, tan sólo quedan restos de humo y ceniza, al igual que si hubiéramos quemado las raíces de nuestro antiguo árbol, aquel que antaño se mecía frente a la brisa, lleno de vida.


Sus raíces eran nuestros anhelos, aquellos que desaparecieron frente al fuego de nuestra inocencia, y sus hojas tan sólo permanecerán en nuestro recuerdo, como frágiles palabras que algún día alguien susurró a nuestro oído.

Nos hemos convertido en personas emocionalmente dependientes, aunque no lo queramos así, por no atrevernos a ser lo suficientemente valientes de mirar a los ojos a la verdad y gritar al mundo la nuestra propia. A veces, me apetecería gritarle al viento, para que el cielo y la tierra me escuchen y mi voz llegase hasta los confines del universo.

Puedo ser feliz yo sola, salir, entrar, reir, llorar, beber, comer y sobre todo respirar. Quizá en algún momento mi propia ignorancia me cegó, y te buscaba en las noches más frías, incluso en la penumbra, pero ahora sé que no eres indispensable para mí. Que aunque estuviera agazapado en mi interior, tengo el valor suficiente para descubrirme a mí misma lejos de tu presencia.

Y ahora lo sé.

No te necesito para nada en esta vida, pero sin embargo te quiero para todo.



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