Cuando sientes que escribir te hace realmente libre...tus palabras es lo único que necesitas
martes, 23 de agosto de 2016
Despedida
Esa fue nuestra última pelea, los últimos gritos y reproches.
Abandoné la habitación dando un enorme portazo. El estruendo fue ensordecedor, pero ese sonido ahogó mis sollozos. Estaba llena de ira en ese momento, así que crucé la carretera y subí en mi coche decidida a salir de ahí cuanto antes.
En cuanto me puse en marcha sentí cómo mil emociones se apoderaban de mí. Al principio la rabia me consumía, sus palabras resonaban repetidamente en mi cabeza. Luego llegó la culpa, sabía que había sacado mi peor cara y que le había herido, era lo que había buscado, hacerle daño, el mayor daño posible, y creo que lo había conseguido. Al final me invadió una enorme tristeza, las cosas entre nosotros habían ido demasiado lejos, llegados a este punto todo era insalvable. Las palabras se habían clavado como puñales desgarrando nuestros sueños e ilusiones. Sólo quedaban la desconfianza, las mentiras y los reclamos.
Conducía de una forma automática, sin pensar lo que estaba haciendo, sin un rumbo fijo y entonces comprendí que me había perdido, no físicamente, sino que ya no sabia hacia donde dirigir mi vida. Me sentí tan desubicada que apreté fuertemente el acelerador, ni siquiera lo pensé un minuto, con decisión fijé mi mirada en la distancia, luego cerré los ojos y pisé a fondo el pedal. No tuve demasiado tiempo para pensar, de repente un dolor estremecedor inundó todo mi cuerpo, sentía como mis huesos crujían mientras se rompían y las lágrimas brotaron incesantemente de mis ojos, creo que ni siquiera grité, mi voz se ahogaba en mi propia sangre. Entonces mi cabeza sufrió un golpe seco, la vista se me apagó por unos instantes y sentí como la sangre mojaba mi pelo, mi cara y mi cuello. No sé en qué momento decidí hacer esto pero sabía que no tendría que preguntarmelo mucho más tiempo. Seguramente mi coche había quedado destrozado, pero eso era lo último que importaba ahora. Con un hilo de vida escurriendose entre mis dedos solo logré pensar en una cosa...en él. Esperaba que entendiese lo que me había llevado a esto y que me perdonase, nunca quise hacerle daño, pero mi alma se había ido oscureciendo y le estaba arrastrando conmigo.
No quería que se sintiese culpable ni responsable de algo que fue únicamente decisión mía, pero tenía que dejarle libre a él y a mí misma.
Me había convertido en una persona que no quería ser, solo quedaba una sombra de mí misma, una sombra oscura y llena de amargura, le conduje a mi dolor y arruiné su vida.
Recuerdo que lo último que oí antes de abandonarme a mi destino fue la sirena de una ambulancia a lo lejos. El asfalto estaba frío, y allí yacía yo, entre mis penurias, intenté alcanzar a mover mis labios para pronunciar mis últimas palabras pero de pronto la oscuridad se apoderó de todo y mi alma cayó en un profundo abismo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario